Acostumbrado al gesto ampuloso y al gasto sin freno de dineros ajenos, la demagogia del venezolano Hugo Chávez no reconoce fronteras. Ese desprendimiento se nutre de los dólares en abundancia que la producción de petróleo y sus altos precios internacionales le proporcionan. Chávez mandó que la estatal PDVSA -socia de la ENARSA argentina- gastara dos millones de dólares para auspiciar una comparsa que concursó en los carnavales de Rio de Janeiro bajo el eslogan de la integración latinoamericana. La vedette fue la carroza presidida por un gigantesco muñeco de Simón Bolívar (foto), rodeado por otros próceres latinoamericanos que incluyeron, sin distinción, tanto a San Martín como al Che Guevara. Ganó Chávez el premio mayor del carnaval de la mano de Bolívar, el mismo que dijo: «Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos».
El esfuerzo dio resultado. En un dramático final difundido en directo por televisión desde el «Sambódromo», Vila Isabel igualó con Académicos do Grande Rio, pero se adjudicó el triunfo al ganar por un décimo de punto el aspecto «samba tema», uno de los considerados por los jurados.
Apenas conocido el resultado, banderas albicelestes de la escuela y tricolores de Venezuela se mezclaron en el festejo que desató la multitud que desde la mañana se congregó en la sede de Vila Isabel, ubicada en el barrio homónimo y cuna de grandes sambistas cariocas. Las gargantas enronquecieron con la letra de
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