Perú amaneció ayer nuevamente bajo la amenaza terrorista, a horas de que el presidente estadounidense, George W. Bush, arribe al país. Un coche bomba estalló en una zona comercial próxima a la embajada norteamericana. Nueve personas fallecieron y 38 fueron heridas. El gobierno de Alejandro Toledo -regresó de urgencia de la cumbre de mandatarios de Monterrey- pareció desconcertado ante el hecho. Las hipótesis que manejan las autoridades sobre los posibles autores del hecho van desde los grupos guerrilleros MRTA y Sendero Luminoso, prácticamente diezmados en los noventa, hasta el terrorismo fundamentalista internacional y los resabios del fujimontesinismo. La noticia tuvo una fuerte repercusión internacional, especialmente porque aún están frescas las imágenes del atentado a las Torres Gemelas y al Pentágono, el 11 de setiembre pasado. El hecho se sumó a una jornada impregnada por el terrorismo en todo el mundo: en Israel un suicida palestino mató a tres personas e hirió a 87, y en España, la banda terrorista vasca ETA le disparó a mansalva a un concejal socialista.
Se vieron afectados 17 automóviles y 30 locales comerciales, entre ellos un cine y restoranes que estaban trabajando con gran cantidad de público. No hubo víctimas dentro de la embajada estadounidense.
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