«No parece la misma ciudad», repiten mientras se dirigen a la mezquita de Al-Beiq, para saber si los médicos que trabajan allí desde hace días tienen noticias de sus maridos e hijos.
Otras familias van apareciendo tras las montañas de piedras. Algunos palestinos se dan cuenta de que se quedaron sin casa y estallan en llanto.
«¿Están viendo algún terrorista en esta casa, acaso Yasser Arafat vive aquí? Entonces, ¿por qué?», grita un hombre desesperado con dos niñas en los brazos ante su vivienda, completamente destruida.
Los expertos médicos que todavía trabajan en el centro histó-rico de Naplusa rescataron ayer al alba diez cadáveres de entre los escombros. Algunos de ellos llevaban días, a otros les faltaban extremidades porque se las habían comido los perros.
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