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31 de marzo 2006 - 00:00

¿El imperio chavista con los días contados?

(El periodista Norman Gall, un estadounidense que vive hace más de 20 años en Brasil, es uno de los críticos más severos del proceso actual de Venezuela bajo el gobierno de Hugo Chávez. En una nota que publicó para el diario madrileño «El País» describiócómo el imperio petrolero de ese país tiene los días contados por la demagogia del chavismo y pone en duda, además, la solvencia del proyecto de construir un megagasoducto entre ese país y la Argentina. Aquí lo principal de ese análisis.)

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El desorden que se extiende por Venezuela, tanto en el gobierno como en la sociedad, está perjudicando a la industria del petróleo, el soporte fundamental del sistema político y la principal esperanza de poderse recuperar de décadas de pobreza arraigada. Las repercusiones del declive de la industria petrolera venezolana están enmascaradas por los elevados precios actuales y los gestos políticos del presidente Hugo Chávez, en la actualidad jefe indiscutible de Petróleos de Venezuela (PDVSA), la compañía estatal de crudo. (...)

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Hoy día, en contraste con la vida rural de hace un siglo, 90% de la población venezolana vive en pueblos y ciudades y depende en gran medida de una industria petrolera en declive que produce la mayor parte de las exportaciones y los ingresos oficiales por petróleo, pero da trabajo a muy poca gente. «Sin nuevas inversiones, la producción de crudo descenderá en 20% anual», afirma un veterano economista especializado en petróleo que ha ocupado cargos importantes en el Ministerio del Petróleo de Venezuela y en la OPEP, en Viena. «Para mantener la producción en su nivel actual, Venezuela debe invertir 4.000 millones de dólares al año. Pero PDVSA no está cumpliendo los objetivos inversores, mientras que dedica 4.000 millones de dólares anuales a proyectos sociales. Acaba de publicar un plan de inversiones a cinco años que es totalmente iluso.»

Bajo las presiones políticas de Chávez, PDVSA está dedicando más dinero a financiar los programas sociales de la «revolución bolivariana» que a sus propias necesidades de inversión. Aun así, la compañía ha anunciado un nuevo plan estratégico, el Plan Siembra Petrolera, destinado a aumentar la producción de Venezuela de los aproximadamente 2,5 millones de barriles diarios (mdb) de hoy, según cálculos independientes, a 5,8 mdb en 2012, con unas inversiones que ascenderán a un total de 56.000 millones de dólares. A este plan se le ha acusado de ser un refrito de un plan anterior de PDVSA que manejaba más o menos las mismas cifras, teniendo en cuenta que los 56.000 millones de dólares previstos para inversiones son una cantidad muy inferior al dinero que se necesitaba para un incremento de la capacidad mucho menor durante los años noventa. Además, se supone que 30% de esta suma debe obtenerse de las compañías petrolíferas extranjeras que trabajan en Venezuela, unas compañías que han dejado de invertir después de que, el año pasado, se les reclamaran miles de millones de dólares en impuestos atrasados y se les obligara a formar con PDVSA unas empresas mixtas cuyas condiciones están aún por anunciarse. Exxon prefirió vender su participación en una empresa mixta a Repsol, su socia, antes que aceptar la violación del contrato. A su vez, Repsol anunció una revisión a la baja de 25% de sus reservas demostradas, debido a las restricciones geológicas y políticas. La reducción estaba centrada en Suramérica: 5% en Venezuela, 52% en Bolivia y 41% en la Argentina. «PDVSA se ha politizado y ya no tiene la dirección ni la experiencia necesarias para elaborar un plan empresarial creíble», dice Diego González, un ingeniero de PDVSA, ahora retirado, que en la actualidad dirige Ipemin, el Instituto de Petróleo y Minería. «Los contratos -afirma- se otorgan de manera caprichosa, sin que haya ningún tipo de puja. Como casi todos los ingenieros de depósito fueron despedidos después de la huelga, PDVSA no dispone de técnicos capaces de reparar los pozos. Si los pozos no se reparan de forma periódica, los problemas mecánicos se multiplican. Normalmente, un pozo produce petróleo, gas, agua y arena. Cuando produce un exceso de agua y arena, necesita alguna reparación. Es un trabajo caro y delicado, en el que un equipo de 30 operarios maneja equipamientode perforación y reparación que tieneun valor de 20.000 dólares diarios. Hay que sacar las bombas, los tubos de producción y el árbol de Navidad [el racimo de válvulas de pozo que ayudan a prevenir las explosiones]. Para limpiar el depósito hay que disparar piedras o balas de acero en el pozo para fragmentar la arena. En estos momentos, hay 21.000 pozos de PDVSA cerrados por falta de arreglos, y ese número aumenta sin cesar; sólo hay 14.000 que mantengan la producción.»

  • Propuesta osada

  • Sin tener en cuenta los problemas económicos, técnicos y de mano de obra de la industria venezolana del petróleo, Chávez ha hecho la osada propuesta de construir un gasoducto de 20.000 millones de dólares, Gasur, a lo largo de 8.000 kilómetros, desde Venezuela hasta la Argentina, que prevé tener que importar necesariamente sus provisiones de gas antes de 10 años. Gasur atravesaría todo el territorio de Brasil, con ramales que abastecerían a las ciudades de Amazonia y el nordeste del país. Los gobiernos brasileño y argentino han aceptado formalmente la propuesta de Chávez, un viejo sueño de los ingenieros que siempre se ha considerado poco práctico y para el que aún no se dispone de estudios de viabilidad. Un experto venezolano destaca que los ingenieros tendrían que hacer frente a una estación lluviosa de ocho meses en diversas áreas de Amazonia, y que el gasoducto tendría que atravesar numerosos ríos, torrentes y pantanos.

    El coste del gas llegado a la Argentina mediante Gasur, incluido el transporte, sería de 134 dólares por barril de combustible, mucho más que el coste de otras alternativas, como la de importar más gas de Bolivia o construir barcos especiales e instalaciones industriales para la importación de gas natural licuado (lng) de Venezuela a la Argentina. La propuesta de Chávez sobre Gasur se basa en los 4,27 billones de metros cúbicos demostrados de gas natural que posee Venezuela, la mayor reserva de Suramérica y la novena del mundo.

    Sin embargo, 90% de esas reservas está asociado a depósitos de petróleo. El 70% de la producción actual de gas se reutiliza en los trabajos para mantener la presión en los depósitos. Hasta ahora, Venezuela ha explorado muy poco la existencia de gas que no esté asociado, y hoy dispone de tan poco gas utilizable que la producción de crudo en los viejos campos que rodean el lago Maracaibo está disminuyendo rápidamente por la falta de gas para inyectar en los depósitos. Además, Pequiven, la filial petroquímica de PDVSA, ha anunciado su propio plan de expansión por un valor de 26.000 millones de dólares, a pesar de que no tiene suficientes reservas para alimentar su producción actual. Si las exploraciones marinas que realizan en la actualidad Chevron y la compañía noruega Statoil dan fruto, es posible que Venezuela tenga a su disposición entre 48 y 70 metros cúbicos al día de nuevo gas, apenas suficiente para cubrir la escasez actual en su mercado interno. Existen negociaciones bilaterales para construir un gasoducto que permita importar gas de Colombia.

    Uno de los libros preferidos de Hugo Chávez, que venera al libertador Simón Bolívar, es la novela de Gabriel García Márquez «El general en su laberinto», que cuenta el lento y melancólico viaje de Bolívar por el valle del río Magdalena, en 1830, para morir en Santa Marta, en la costa atlántica de Colombia. García Márquez cita las famosas últimas palabras del Libertador: «América es ingobernable. Los que sirvieron a la revolución surcaron el mar». Ahora, Hugo Chávez y muchos de sus seguidores están tratando de demostrar que Bolívar tenía razón.

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