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2 de octubre 2006 - 00:00

Ganó Lula pero habrá ballottage

A Luiz Inácio Lula da Silva le faltaron unos pocos votos para ganar las elecciones presidenciales de Brasil en primera vuelta. El intento de compra de una carpeta comprometedora contra los candidatos de la oposición -atribuida a hombres de su círculo íntimo- le causó una sangría de votos en el tramo final de la campaña y le permitió al opositor Geraldo Alckmin crecer más allá de lo previsto. Hasta se comentaba anoche en Brasil la ironía de que la caída de un avión en Mato Grosso, que constituyó el peor desastre aéreo de la historia del país, pudo haberle evitado a Lula una complicación aún mayor, ya que desplazó las acusaciones de la atención de los medios. En los mercados no habrá ningún impacto: estaba descontado el triunfo de Lula aunque haya que esperar un mes para su confirmación. Es cierto que inversores prefieren siempre lo que ya conocen, pero Alckmin es un defensor de las reglas del mercado y no generaba mayores preocupaciones. El centroizquierda representado por Lula es de accionar tosco, y así no pudo alcanzar su objetivo. Un interrogante a futuro será el comportamiento del Congreso con mayor presencia opositora y que difícilmente convalide nuevas reformas que solicita el mercado. De cara al ballottage, cabe esperar que la campaña se reanude con una agresividad aun mayor que la ya vista. Igualmente sólo una revelación resonante que involucre directamente a Lula en hechos de corrupción podría arrebatarle a éste la victoria en esa instancia. El voto favorable al mandatario fue fuerte entre el electorado pobre, que se benefició con el abaratamiento de los alimentos, fruto de una medida que aquí es justo la inversa: el dejar caer el tipo de cambio. Y fue también un premio a su política económica responsable, unánimemente elogiada. La reiteración de escándalos le restó apoyo vital en parte del electorado de clase media que lo había acompañado hace 4 años. Para la oposición fue muy importante su triunfo en los principales estados, San Pablo y Minas Gerais, lo que proyecta a José Serra y a Aécio Neves, respectivamente, como presidenciables fuertes para 2010.

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Lula haciendo su gesto característico, la L, luego de votar.
San Pablo - Luiz Inácio Lula da Silva se impuso en las elecciones presidenciales de ayer en Brasil, pero no logró evitar una segunda vuelta, que se realizará el próximo domingo 29.

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Con 99% de los votos escrutados, obtenía 48,61% de los votos contra 41,64% de su inmediato perseguidor, Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), quien superó todos los pronósticos.

Más atrás quedaban la izquierdista Heloísa Helena, expulsada del Partido de los Trabajadores en 2003, con 6,85%, y el ex ministro de Educación de Lula, Cristovam Buarque, con 2,65%.

Para evitar un ballottage, Lula debía obtener la mitad más uno de los votos válidos, esto es descontando los sufragios en blanco y nulos. O, lo que es lo mismo, un voto más que la suma de todos los otros postulantes.

Hay que resaltar la fortaleza del voto por el mandatario después de 4 años de gobierno y de una desgastante cadena de escándalos de corrupción, que el año pasado lo tuvieron al filo del juicio político. Pero, más allá de esa fuerza, su candidatura se complicó severamente en las últimas dos semanas, cuando miembros de su comité fueron acusados y procesados por haber intentado comprar una carpeta comprometedora para los principales candidatos del PSDB.

Esa solidez del voto de Lula es un premio a su manejo responsable de la economía, que le permitió ser el presidente brasileño con el nivel de inflación acumulada más bajo de la historia. Y, de la mano de esto, mejorar las condiciones de vida de la población pobre, a la que, además, benefició con una intensa política de ayuda social, lo que explica que su desempeño haya sido mejor en el Nordeste pobre.

  • Seguridad

    Ricardo Guedes, titular de la encuestadora Sensus y uno de los analistas más consultados en este país, dijo a este enviado que «con estos números, la base popular mayoritaria, vinculada a los programas sociales, a la estabilidad y al crecimiento real de los salarios, le aseguraría a Lula imponerse en segunda vuelta». Eso, claro -añadió-, si ningún nuevo escándalo de corrupción esmerila más su voto de clase media.

    Hasta hace pocos días, todas las encuestas le aseguraban a Lula la reelección con una ventaja que se fue recortando conforme se acercaba la votación. La aparición en los diarios de las fotos del dinero que los petistas pensaban usar para comprar el dossier del escándalo, sumada a la no comparecencia de Lula al último debate televisivo del jueves, está en la base del recorte de su ventaja.

    La cuestión ética es, en paralelo, la gran cuenta pendiente del presidente y el elemento que justifica el voto castigo de una parte de los electores de clase media que lo habían acompañado en 2002.

    Mientras, igual que hace cuatro años, el Congreso (del que se renovaron los 513 escaños de la Cámara baja y 27, un tercio, de la alta) emergerá fragmentado y sin mayorías claras, lo que requerirá de los partidos una trabajosa ingeniería política para asegurar mayorías que garanticen la estabilidad y la aprobación de reformas consideradas clave por los mercados para la economía (ver vinculada).

    Los premios mayores en las elecciones para gobernador se los llevó, en tanto, el PSDB (ver vinculada). Uno de sus estandartes es José Serra, ex ministro de Salud de Fernando Henrique Cardoso y contra quien se había dirigido la fallida operación política de compra de una carpeta supuestamente comprometedora. El nuevo caudillo paulista renunció recientemente a la alcaldía de San Pablo (la tercera caja política del país, detrás de la Unión y del estado homónimo) para aspirar a la gobernación.

  • Amplia ventaja

    Según el escrutinio parcial, obtenía cerca de 59% de los votos contra 31% de su más cercano perseguidor, Aloizio Mercadante, del Partido de los Trabajadores y en cuya campaña funcionaba la usina de inteligencia del dossiergate. Sin duda, éste es uno de los mayores derrotados de ayer. Con esos números, Serra logró evitar el ballottage y ya es gobernador electo del mayor estado brasileño.

    La otra estrella emergente del PSBD es el gobernador de Minas Gerais, Aécio Neves, quien logró una de las victorias más resonantes de la contienda, al lograr la reelección, con un impresionante 77% de los votos, relegando a un remoto segundo lugar, con 22%, al candidato del PT, Nilmáro Miranda, ex ministro de Derechos Humanos de Lula.

    Pero el mérito de Neves (quien recibió anoche a Alckmin en Minas para festejar) no radica sólo en semejantes guarismos, sino en dónde los obtuvo: Minas Gerais es el segundo distrito de Brasil, con 13,6 millones de electores, sólo detrás de San Pablo (28 millones) y por delante de Rio de Janeiro (10,9 millones).

    En Rio, justamente, la gobernación se definirá en una segunda vuelta entre Sérgio Cabral, del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que obtenía 42%, y quien se imponga entre los líderes locales Denise Frossard (27%) y Marcelo Crivella (18%). ¿Cómo le fue allí al PT? Cuarto, con apenas 8%.
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