Adolescentes y padres que asistieron al concierto de Ariana Grande contaron las escenas de pánico tras el ataque.
Adolescentes y padres que ayer asistieron al concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande en Manchester, en el norte de Inglaterra, relataron algunas de las escenas de pánico que se vivieron a la salida del show, tras la explosión de una bomba que provocó estampidas y aplastamientos. Dos hombres sin techo, los primeros en acudir en ayuda a los heridos.
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Rachel de Barnsley estaba dentro del Estadio Manchester Arena junto a su hija de 14 años y decidió abandonar el lugar unos minutos antes del final del recital para evitar los retrasos habituales en este tipo de eventos.
"Cuando estábamos saliendo escuchamos un sonido terrible. Al girar la esquina vimos una horrible estampida de gente bajando los escalones, cayendo en el suelo", relató a la cadena BBC.
"Agarré a mi hija y salimos corriendo. Había gente aplastada en el suelo", agregó.
"Había cuerpos por todas partes, no sé cómo sobrevivimos, realmente no lo sé", aseguró Sebastián Díaz, un estudiante universitario de 19 años que aseguró que la escena fue "aterradora".
"Ariana Grande acababa de terminar su última canción y hubo una gran explosión. Vi a la gente correr y fue instintivo correr", relató el joven de Newcastle, en el norte del país.
"Terminamos en un pasillo, en un callejón sin salida. Fue aterrador. De repente encontré las puertas principales y la gente lloraba por todas partes", aseguró.
Gary Walker, que esperaba a sus hijas a la salida del concierto junto a su esposa, también fue alcanzado por la explosión.
"Escuchamos la última canción y de repente hubo un destello masivo y luego una explosión y humo. Sentí un dolor en mi pie y mi pierna. Me volví hacia mi esposa que estaba de pie a mi lado y me dijo: 'Necesito sentarme'", relató Walker.
La mujer sufrió una herida en el estómago y la fractura de una pierna, mientras que él tiene un agujero en el pie causado por algunos de los metales que salieron de la bomba cuando estalló.
Sharon Hartley, una de las tantas madres que aguardaban afuera a que termine el concierto para recoger a su hija y a sus amigas, aseguró que pudo "oír el terror"
Sonaron los últimos acordes de una canción y luego vino una fuerte explosión y su hija, Ella, de 14 años, la llamó por teléfono: "Es la peor llamada telefónica que puedes tener", dijo Sharon a BBC.
"Pude oír el terror. Pude oír el auténtico terror en su voz y supe que era grave. Cuando me estaba hablando, diciéndome 'mami, ¿dónde estás?' comencé a buscarla a mi alrededor".
"Supe que algo estaba mal porque había padres corriendo hacia el estadio con sus teléfonos y había niños y adolescentes alejándose del estado llorando", contó.
Stephanie Hill y su hija Kennedy asistieron juntas al concierto. Cuando escucharon la explosión el terror de apoderó de ellas: "Así que corrimos, corrimos y nos escondimos bajo un puente durante unos 40 minutos", relató la mujer.
"Llegaron tan rápido (los servicios de seguridad), es increíble. Pero en ese momento no sabíamos lo que estaba pasando. Pensamos 'Dios mío, nos van a disparar'".
El Estadio Manchester Arena es un conocido centro deportivo con una capacidad para 23.000 personas en el que ya han tocado artistas como Madonna y U2.
La policía cree que el atacante, Salman Abedi, de 22 años, aprovechó la confusión de la salida para ingresar al estadio y que hizo estallar la carga en el sector de la boletería.
Stephen Jones dormía en una calle adyacente al Manchester Arena cuando la explosión lo despertó. Chris Parker mendigaba en la zona. Ambos se convirtieron en héroes de la tragedia tras ayudar a las víctimas en los primeros minutos después del atentado.
"Eran niños, muchos niños llenos de sangre que gritaban y lloraban", explicó el martes a la cadena de televisión ITV, Stephen Jones, un hombre de rostro demacrado que vive en la calle desde hace más de un año.
"Tuvimos que retirar los clavos de los brazos, inclusive del rostro de una pequeña", agregó.
"El hecho de que sea un sin techo, no implica que no tenga corazón", afirmó. "Es puro instinto ir a ayudar", sentenció.
Chris Parker, de 33 años, contó a la agencia británica Press Association que la fuerza de la explosión lo tumbó al suelo.
"Primero fui lanzado al suelo y después me levanté y en lugar de huir, mi instinto me empujó a correr e intentar ayudar", dijo al borde de las lágrimas.
Cuando llegó, el lugar estaba lleno de gente tirada en el suelo.
"Vi una niña pequeña (...) ya no tenía piernas. La envolví con una camiseta y le pregunté: '¿Dónde esta tu mamá y tu papá?", contó. La niña respondió que su papá estaba en el trabajo y que su madre estaba arriba, en la sala.
Chris Parker suele transitar cerca de la sala de conciertos para pedir dinero a los transeúntes.
Muy afectado, contó como intentó reconfortar a una mujer, que finalmente murió en sus brazos.
"Ella murió en mis brazos. Tenía unos 60 años y me dijo que había venido con su familia", dijo.
"El suelo estaba lleno de pernos y tuercas. Algunas personas tenían agujeros en la espalda", describió. Parker contó que los recuerdos más vívidos son los gritos y el olor.
"Son los gritos lo que no consigo olvidar y también el olor (...) No quiero decir esto pero se sentía el olor de la carne chamuscada".
Stephen Jones contó que lo que vio le impide dormir, sobre todo los cuerpos sin vida de los niños en el suelo y las madres conmocionadas a su lado.
La más joven de las víctimas tenía ocho años.
El martes, las colectas en internet había reunido cerca de 9.400 libras (10.890 euros, 12.182 dólares) para Stephen Jones y más de 10.000 libras (11.600 euros, 13.000 dólares) para Chris.
Michael Johns, que lanzó la iniciativa para Chris, sin conocerlo, explicó en el portal que es necesario ayudar "a una de las personas más vulnerables" de la sociedad, que mostró mucho "valor y altruismo".
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