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11 de mayo 2006 - 00:00

Jefe militar EE.UU. quiere conocer el nuevo espionaje

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Nilda Garré
La ministra Nilda Garré recibe hoy al general John Craddock, titular del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos. El tiempo que demande el almuerzo y quizá la sobremesa será todo lo que dispondrá Garré para intercambiar opiniones sobre la defensa regional. En verdad escaso, si se tiene presente que una serie de conflictos regionales (el gas, las papeleras, las interferencias de Hugo Chávez y el aumento del petróleo) pone en tensión las alianzas tradicionales.

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El general norteamericano viene de Uruguay (estuvo en la 2ª Conferencia de Defensa del Cono Sur, a la que asistieron los jefes de Estado Mayor Conjunto de la región) en tránsito hacia Chile y decidió hacer un alto en Buenos Aires, quizá para no desairar a la primera mujer que tomó las riendas en el Edificio Libertador. ¿Y para verificar su supuesta adhesión chavista? Una mirada al contenido de la misión principal del Comando Sur publicada en su sitio oficial: «ocuparse de la guerra contra el terrorismo (WOT, sigla en inglés de: War on Terrorism) para prevenir que grupos terroristas usen la región como santuario para preparar operaciones contra los Estados Unidos y sus intereses vitales en la región (AOR, sigla en inglés de Area of Responsability)», muestra que será poco lo que tendrán que compartir. Ocurre que la nueva directiva de Defensa que alumbró el equipo de colaboradores de Garré liderados por el secretario de Asuntos Militares, José Vásquez Ocampo, eliminó de las tareas de las Fuerzas Armadas la de enfrentar la amenaza del terrorismo internacional. Si hasta reemplazó la anterior denominación: Directiva de Estrategia Militar por Directiva de Defensa en el afán de eliminar todo contenido de sesgo castrense y afirmar la precedencia del político sobre el uniformado. Como si nada hubiese cambiado en las filas de las fuerzas desde la caída de la dictadura, el gobierno de Raúl Alfonsín y el de Carlos Menem.

En Uruguay, el militar estadounidense compartió dos días de trabajo con los máximos responsables militares de la región (Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay) entre los que estuvo el brigadier general Jorge Chevalier, jefe del Estado Mayor Conjunto. La agenda formal avanzó sobre al aumento del diálogo entre las fuerzas para encontrar soluciones a los problemas regionales de seguridad, cooperación militar en misiones de paz y ayuda humanitaria en grandes catástrofes climáticas.

Claro que hay otra agenda nunca escrita, pero ésa se cumple en reuniones bilaterales como la que tendrá Garré con Craddock a solas con menú del comedor privado de la ministra. ¿Se animará el general de cuatro estrellas norteamericano a sondear la veracidad de la presunta alianza con el venezolano Hugo Chávez? Celosos en el archivo de datos sensibles, saben de aquel compromiso enunciado por Garré de reparar 150 mil fusiles de asalto tipo FAL a las fuerzas venezolanas. Y no es desconocida la posición del propio Craddock hecha pública en Uruguay en junio de 2005: Venezuela es «una influencia en América latina» que potencialmente «puede crear inestabilidad e incertidumbre» en la región en caso de que la forma de actuar fuera «exportada» a otros países.

  • Imputación

  • El gobierno del presidente Lula da Silva -confirmando lo dicho por Craddock un año antes- le imputó antes de ayer a Chávez interferencias en Latinoamérica, en particular con Bolivia, por el conflicto del gas.

    En este esquema despunta otro escenario de atención para los uniformados norteamericanos: la cuenca de hidrocarburos en el Atlántico Sur. Es casi un aforismo de la historia que: a precio elevado del petróleo siguen disputas por la posesión de cuencas que aseguren abastecimiento estratégico. Y con la cotización actual del crudo y la pelea por el gas, afloró la potencialidad de la «cuenca Malvinas».

    ¿Quién se hará cargo de la custodia de esos recursos bajo el lecho marino? La respuesta remite a otra incertidumbre -motivo de la preocupación norteamericana- pues como las relaciones de defensa entre Gran Bretaña y la Argentina están cuanto menos en estado de hibernación, nadie garantiza una cooperación entre la Armada y la Royal Navy en la tarea. Un dato verificable cierra el cuadro de esta elaboración. La semana pasada, el ministro para las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña, Adam Ingram, llegó a Chile proveniente de Londres, pasó por las Malvinas y de allí a Brasil. En esas escalas mantuvo reuniones con la ministra de Defensa chilena, con su par brasileño y obvió la estadía en la Argentina.

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