Según se informó oficialmente, las cepas sí fueron recibidas por Chile y por Brasil, entre otros países, lo que motivó el rápido alerta de la OMS hacia los laboratorios de esas naciones. Fernández confió no obstante en que «los laboratorios que hayan recibido esas cepas tengan altos niveles de bioseguridad» para poder destruirlos sin peligro de propagación y evitar así una epidemia mundial.