El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Duhalde sueña una guerra larga, conmovedora, que incline la opinión pública en favor del pacifismo que enarbolan él y su ahijado Néstor Kirchner. Cree que la temprana liberación de Bagdad y un escenario internacional solidario con los Estados Unidos beneficiarían al riojano en lo que queda de la campaña electoral. Es una forma, posiblemente la más provinciana, de mirar el conflicto.
Ahora, para reclamar, podría decirle que se pasó casi una noche en vela con el presidente Bush para convencerlo de que el FMI asistiera a la Argentina. Más, le podría recordar que España no sería España si los Reyes Católicos no hubieran terminado de liberar a la península del dominio árabe, el mismo que casi simultáneamente -7 siglos antes- se instaló en Irak. Demasiada Historia para Duhalde.
El canal de TV Al Jazeera sirvió para que palestinos y libaneses siguieran en las distintas galerías de la ciudad las imágenes de los preparativos del conflicto. Pero una vez que éste se desató dejaron de reunirse en torno de las pantallas, por temor a que se los identifique como admiradores de Saddam, quien se presenta como un nuevo Saladino, heredero de Mahoma.
Sin embargo en el informe que le acercaron a Duhalde hay algunas precisiones y matices interesantes: le explican al Presidente que los ex miembros del grupo terrorista Hizbollah o del sector chiíta musulmán no adhieren a Saddam y, al contrario, lo odian. Fueron sus víctimas en el sur de Irak, igual que lo fueron los kurdos en el norte, durante la guerra contra Irán. Una diferencia con los asentamientos sunnitas cercanos a Uruguayana o los palestinos de la frontera con el Uruguay. Consecuencias inesperadas de la guerra, antes de iniciar su tour por Roma y Madrid, tal vez los Duhalde se hayan convertido en expertos en el Islam, aunque más no sea de su versión en guaraní.
Dejá tu comentario