Expulsado de forma provisional del Frente Nacional (FN) francés, partido que fundó en 1972, Jean-Marie Le Pen reaccionó hoy con virulencia atacando a su hija Marine, a quien legó el partido hace cinco años y que le considera un obstáculo para el giro de la formación hacia posiciones más moderadas.
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La pelea al frente de la ultraderecha francesa ha tomado tintes de tragedia griega, con padre e hija desgarrándose en una pugna en la que el drama familiar oculta el trasfondo político.
Sobre todo es así después de que la tercera generación de la dinastía que representa la nieta del patriarca, Marion Maréchal-Le Pen, congelara su ambición de presentarse a las regionales de Provenza Alpes Costa Azul, el tradicional feudo electoral del FN en el sureste del país.
La joven diputada de 25 años, estrella ascendente del partido, ha preferido no verse manchada por la polémica que en los últimos días mancilla a su partido y que amenaza con partirlo entre la regeneración que propugna su tía Marine y el tradicionalismo ultraderechista de su abuelo Jean-Marie.
Marion contaba con presentarse a esas regionales en un puesto que inicialmente iba a ocupar el patriarca, quien se vio apartado tras las declaraciones altisonantes de cariz racista y antisemita que provocaron la ruptura con su hija.
El partido parece resquebrajarse en el momento en el que atravesaba el mejor momento de su historia, al frente en las pasadas elecciones europeas y con las encuestas situándole con opciones de disputar, en la figura de Marine, la presidencia del país en 2017.
La ruptura parece total y, si la actual presidenta se mostró ayer firme cuando expulsó de forma provisional a su padre del partido, Jean-Marie quiso mostrar que no tiene previsto marcharse en silencio.
"Me avergüenza que lleve mi nombre, me gustaría que se casara para que lo pierda lo antes posible. Que lo haga con su pareja, con Philippot o con cualquier otro", declaró Jean-Marie en la radio "Europe 1".
En esta declaración mezcló el dolor del padre "traicionado" por su hija con la ironía política, al referirse a Florian Philippot, "número dos" de Marine, homosexual y que representa el nuevo rostro que Marine quiere dar al FN.
"Sé que se rodea de gente (...) que no tiene el espíritu que ha presidido el FN desde hace 40 años", afirmó en referencia al "número dos" de la formación.
Muy dolido, el viejo patriarca llegó a asegurar que repudia a su hija, aunque matizó que "solo la muerte rompe todos los puentes".
En la misma emisora, Marine Le Pen respondió, de forma más sosegada, que los dardos de su padre "muestran que no había otra solución" más que su suspensión del partido, decidida anoche por el Comité Ejecutivo de forma provisional a la espera de que un nuevo congreso pueda apartarle de la presidencia de honor que ocupa desde que en 2011 cedió las riendas a su hija.
Basta por ver si el drama "shakespeariano" en el que se ha convertido el FN se mantiene como una pugna familiar o trasciende al terreno político.
Marine parece controlar el aparato y todos los representantes que se han pronunciado en público lo han hecho para respaldar a la presidenta.
Pero el viejo patriarca, acostumbrado a las traiciones y felonías que ha sufrido en sus carnes, promete, a punto de cumplir 87 años, mantener la pugna.
"No tengo ninguna intención de retirarme de la política (...) Lucharé por todos los medios" para "restablecer la justicia y la dignidad" en el seno del partido, dijo.
"No seré el primero en caer, advierto", aseguró el viejo político, que consideró que "muchos militantes del FN van a mostrar a Marine Le Pen, o 'ex Le Pen', lo que piensan". EFE
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