Un coche bomba terminó ayer con la vida de Elie Hobeika, un líder histórico de la comunidad cristiana del Líbano implicado en las matanzas de Sabra y Chatila, en las que murieron hasta 2.000 palestinos en 1982. Su desaparición, y la de tres de sus guardaespaldas, llevó al gobierno libanés a acusar a Israel, dado que Hobeika tenía planeado incriminar a Sharon en esas masacres ante los tribunales de Bélgica. Pero Israel desmintió su participación y, en cambio, responsabilizó a Siria. Hobeika, que en su momento fue aliado y rival de esos dos países, poseía numerosos enemigos.
El atentado de Hobeika desató un revuelo internacional y generó En un comunicado, Lahud indicó que el objetivo de los asesinos era «desviar la atención de la opinión árabe y mundial de los crímenes cometidos en Palestina ocupada e impedir que el difunto prestara testimonio ante el tribunal de Bélgica». Allí se presentó una querella contra Sharon por su papel en la masacre de los campos palestinos de Sabra y Chatila, en las afueras Beirut, que dejó entre 800 y 2.000 muertos en setiembre de 1982. Políticos belgas ratificaron que Hobeika, horas antes del atentado, les había dicho que quería proporcionar pruebas de su inocencia a varios miembros de una delegación que visitó el Líbano para recabar datos de cara a la demanda interpuesta por 23 supervivientes de las masacres contra Sharon, y acerca de la cual un tribunal resolverá si se sustancia el juicio el próximo 6 de marzo. El senador
El asesinato de Hobeika eclipsó ayer los combates en los territorios autónomos palestinos. Helicópteros atacaron el campamento de refugiados de Gaza, Khan Yunis, y mataron a
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