El presidente brasileño rompió el fin de semana con su norma de mantenerse distante de la prensa. Después de la victoria política que supuso el avance de su reforma previsional, Lula salió a efectuar declaraciones fuertes, destinadas a ratificar el rumbo de su gobierno -clave para toda la región- y a descartar los cambios de política económica y en la relación con el empresariado que le reclaman sectores de izquierda. «Brasil dará un salto de calidad, pero sin aventuras», dijo. También respaldó decididamente a su ministro de Hacienda, Antonio Palocci, la garantía de su línea económica ortodoxa. Lula se esforzó por mejorar aún más el clima de negocios en su país, asegurando que son bienvenidas las inversiones locales y extranjeras. Para eso -dijo-, se preocupa por asegurar la estabilidad jurídica y de precios «Claro que cambié. No puedo pasar la mitad del tiempo peleando. Un presidente no tiene derecho a irritarse», enfatizó Las críticas de izquierda «son un alerta sobre el camino que no se debe seguir». «El pueblo es inteligente y sabe esperar cuando siente que su presidente está siendo honesto», indicó.
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