En medio de feroces combates, que habrían dejado ya cientos de muertos, milicianos palestinos dieron ayer un duro golpe al ejército israelí, matando a 13 soldados e hiriendo a otros 7 en la ciudad de Jenin. Tras el hecho, el primer ministro Ariel Sharon ratificó la continuidad de las operaciones, en abierto desafío a los Estados Unidos, que insisten con una inmediata y total retirada israelí de Cisjordania. La batalla de Jenin, una de las más cruentas en medio siglo entre palestinos e israelíes, podría transformarse en un dolor de cabeza para Sharon. Según el canciller Shimon Peres, la crudeza de los combates podría generar una fuerte ola de denuncias y acusaciones internacionales. El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, anunció ayer que intentará entrevistarse con Yasser Arafat.
La ciudad, sobrevolada por los helicópteros Apache desde el viernes, fue declarada «zona militar prohibida», por lo que prácticamente no hay testigos de organizaciones humanitarias ni periodistas. Al conocer el hecho, el primer ministro
En el campo de refugiados de un kilómetro cuadrado, donde todavía residen 15 mil personas y conocido por ser sede de los movimientos palestinos más radicales («un nido de terroristas» para el ejército), los alimentos se terminaron y no hay agua.
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