Poco después, miles de palestinos se concentraron en el lugar, para expresarle su incondicional apoyo. Llevado sobre una silla por sus guardaespaldas hasta la entrada del edificio fuertemente dañado por los ataques israelíes, Arafat, de 75 años, se dirigió a la multitud que coreaba: Arafat pidió a los manifestantes que no abandonen la Muqata porque:
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