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28 de enero 2011 - 00:00

Un dilema sin solución para Obama

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Washington - El revuelo político en Egipto tiene a Washington atascado entre apoyar las protestas que piden más libertades o a un aliado diplomático vital, un dilema con profundas implicaciones en el conflicto de Medio Oriente.

El presidente egipcio Hosni Mubarak ha sido un apoyo a la estrategia regional de EE.UU. por décadas, garantía de la paz de su país con Israel y un actor principal en las iniciativas de paz de Washington. Pero con su régimen de treinta años fuertemente amenazado, en medio de lo que se está llamando una posible «primavera árabe» de revueltas contra regímenes autoritarios, los estrategas de Washington deben encontrar una salida a través de un campo minado.

«Ellos están en una posición difícil porque hay una gran presión en Egipto, y en Washington la gente piensa que las piezas de dominó simplemente van a caer», dijo Gregory Gause, de la Universidad de Vermont. «Pienso que están siendo tironeados en dos direcciones», agregó Gause, profesor de Ciencia Política.

Otros defensores de EE.UU., más optimistas, incluyendo a neoconservadores del Gobierno del expresidente George W. Bush, pedirán un apoyo cada vez más robusto al cambio democrático en Medio Oriente. Y si los manifestantes egipcios chocan violentamente con las fuerzas de seguridad, construidas con 1.300 millones de dólares anuales de ayuda estadounidense, la posición de Obama podría tornarse insoportablemente incómoda.

Los realistas, sin embargo, temen que caiga un aliado incondicional de EE.UU. en la región, y que un Gobierno pos- Mubarak, que posiblemente incluiría a los Hermanos Musulmanes, sea hostil a Washington.

Argumentan, además, que si las protestas decaen, Mubarak no olvidará quiénes fueron sus amigos en su momento de crisis.

Así, la presión se acumula sobre Obama, que seguramente será culpado por cualquiera de las partes por un resultado contrario a los intereses estadounidenses, a pesar de la poca influencia de Estados Unidos en la crisis.

El llamado de atención de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el martes, sobre que el Gobierno de El Cairo parecía «estable» fue visto como un apoyo a Mubarak. Esas declaraciones fueron rápidamente sustituidas por un prudente comunicado de la Casa Blanca pidiendo al Gobierno egipcio que sea «receptivo a las aspiraciones» de su pueblo.

A medida que la crisis se intensifica, seguramente habrá llamados para que Obama «se coloque en el lado correcto de la historia» o se arriesgue a alienar un eventual movimiento de reforma popular en el mundo árabe.

Agencia AFP

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