Santiago - En lo que se pensaba iba a ser un momento estelar que le permitiría remontar sus niveles de popularidad, la Cumbre Iberoamericana se convirtió en un dolor de cabeza constante para la mandataria anfitriona, Michelle Bachelet, puesta en un incómodo lugar en medio de agrias disputas.
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En la clausura del encuentro, la tarde del sábado, Bachelet no pudo disimular la irritación que le provocó que la reunión se alejara de su tema central -la cohesión social- y en el cierre se provocara una inédita disputa que involucró al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, al rey Juan Carlos de España y al mandatario venezolano, Hugo Chávez.
Ofuscado, el monarca español mandó a callar a Chávez, cuando éste interrumpía a Rodríguez Zapatero, quien le exigía respeto para referirse a su predecesor, José María Aznar, calificado de «fascista» por el mandatario venezolano.
Bachelet les pidió sin éxitoa los tres que no hicieran diálogo, en momentos en que apuraba la firma de la declaración final de la Cumbre, que este año tenía como tema principal la cohesión social, el concepto favorito de la presidente chilena, al final relegado a un segundo plano.
Luego Bachelet debió salir de la reunión para convencer al rey de España para volver, cuando éste salió de la sala en protesta por un alegato del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, contra las empresas españolas.
Y cuando la presidente le concedió tres minutos a Ortega, éste le respondió que «si no da derecho a hablar no tiene sentido esta cumbre, así que no me limito a tres minutos».
En la rueda de prensa final -en que seis de las siete preguntas fueron sobre el altercado entre el rey y Chávez-, Bachelet pidió reiteradamente a los periodistas no «dramatizar» la disputa verbal y preocuparse «de las discusiones de fondo» de la reunión.
Pero la prensa chilena y mundial dedicaron ayer amplia cobertura a la discusión del presidente venezolano con los españoles, con escasas o nulas referencias a los 22 acuerdos para impulsar la cohesión social que se firmaron, en lo que fue calificado por el secretario iberoamericano, Enrique Iglesias, como la reunión más provechosa en las 17 ediciones de la Cumbre.
De esta forma, Bachelet no pudo capitalizar los logros de esta reunión -en la que ella se lució como anfitriona-, y una vez más quedó relegada a un incómodo segundo lugar, tal como le ha sucedido otras veces, en lo que ya parte de la prensa chilena considera es fruto de su mala fortuna como gobernante.
Revueltas
Respaldada por una popularidad de 75% y el hito de haberse convertido en la primera mujer en ocupar la presidencia de Chile, no pasaron más de dos meses para que la mandataria socialista enfrentara las revueltas estudiantiles más masivas de las últimas tres décadas.
Fue en mayo de 2006, cuando más de un millón de estudiantes secundarios y profesores lograron poner en jaque a su entonces joven gobierno. Seis meses después, a Bachelet le tocó enfrentar la muerte del ex dictador Augusto Pinochet, el 10 de diciembre pasado, lo que polarizó a la sociedad chilena.
Cuando todo estaba en calma, debió poner en práctica un nuevo sistema de transporte en Santiago, el Transantiago, un proyecto de larga data retrasado varias veces y que resultó ser un rotundo fracaso, el mayor de su gobierno, según ha reconocido la presidente.
El sistema, concebido por el gobierno de su predecesor, Ricardo Lagos, cambió todos los recorridos del transporte urbano de la capital chilena de seis millones de habitantes, erosionando la popularidad de Bachelet, que hoy se ubica en torno a 40%, según varios sondeos.
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