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15 de agosto 2006 - 00:00

Una tregua sin logros trae paz sin respeto

Entre las grandes dificultades que encuentra, el alto el fuego que entró en vigor ayer en la frontera entre el Líbano e Israel debe sortear el escollo de que intenta imponer la paz tras una guerra de 33 días que no arrojó un ganador claro en el terreno. Y de que, paralelamente, los problemas de fondo que desataron el conflicto -la amenaza de los misiles de Hizbollah contra los civiles del norte de Israel, su monopolio de la fuerza en el sur del Líbano-quedarán para una incierta resolución futura. Así, no sorprende que la tregua esté siendo observada en general con escepticismo y que ya se vea salpicada por peligrosas escaramuzas. Más allá del ruido de algunas aclamaciones populares, la milicia chiita ha salido dañada, lo que, acaso, la vuelva más temible. Su líder, Hassan Nasrallah, minó las esperanzas de un acuerdo político definitivo al negarse a cualquier posibilidad de desarme. Pero debió aceptar el despliegue del ejército regular libanés en sus bastiones del sur del país, algo que no había permitido en más de 20 años de existencia. No sólo Israel y Estados Unidos plantean con firmeza la necesidad de su desarme. También lo hace ahora la Unión Europea (que suele ser severa con el Estado judío), convencida de que detrás de la amenaza de Hizbollah está el largo brazo de un Irán cada vez más imprevisible y con ambiciones nucleares. La neutralización de esa amenaza será un proceso notablemente complejo, pero esta vez Israel -aunque confundido por el hecho inédito de no haber podido imponer una solución militar rápida- cuenta con más aliados que antes. Esa es ahora su fortaleza.

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Soldados israelíes que regresaban desde el Líbano mostraron las banderas capturadas a Hizbollah. La guerra terminó sin un resultado militar claro (arriba). Miles de libaneses emprendieron ayer el retorno al sur del país, del que habían huido en medio de los combates. La ayuda a esa población y la reconstrucción de la zona son desafíos urgentes (abajos).
Beirut (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Los fuertes combates en el sur del Líbano se detuvieron abruptamente ayer tras la entrada en vigor del alto el fuego negociado en las Naciones Unidas, lo que dio vía libre a miles de desplazados para emprender el camino de vuelta a sus casas. Más allá del cumplimiento de la tregua, una serie de enfrentamientos entre miembros de Hizbollah y tropas israelíes pusieron en evidencia la fragilidad de la situación.

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«El alto el fuego, salvo incidentes puntuales, es respetado. Hemos iniciado contactos con la UNIFIL (Fuerza Provisional de Naciones Unidas en Líbano) para iniciar la transferencia del control sobre el terreno», declaró el ministro israelí de Defensa, Amir Peretz. Según las Naciones Unidas, demorará una semana el despliegue de esas tropas.

El funcionario aseguró, además, que los éxitos de los soldados del Tsahal (ejército hebreo) y la forma en que se han fijado los principios de la Resolución 1.701 de la ONU «contribuirán sin duda a un cambio en la situación en la frontera norte» del Estado israelí.

  • Escaramuzas

  • En la misma línea, la Casa Blanca señaló que «desde el cese del fuego no hubo ataques con cohetes ni movimientos defensivos. Hubo sólo dos escaramuzas militares menores entre las fuerzas israelíes y Hizbollah», declaró el portavoz Tony Snow.

    «Aparentemente no hubo movimiento de tropas de ninguna de las dos partes para modificar el statu quo militar», dijo. Sin embargo, todavía «probablemente es prematuro» sacar conclusiones, señaló.

    Respecto de los incidentes aislados, Snow se refería a la muerte de cuatro milicianos chiitas a manos del ejército israelí. «En todos los casos, los soldados abrieron fuego cuando se les acercaron hombres armados», indicó un portavoz militar hebreo.

    Decenas de miles de libaneses desplazados por la guerra se dirigían hacia sus hogares en el Sur, saturando las rutas dañadas por los bombardeos. Los choferes hacían sonar sus bocinas a modo de celebración.

    Ahmed Nassereddine llegó a la aldea de Shihabiyeh y descubrió que su edificio y una estación de servicio habían sido destruidos por un ataque aéreo israelí apenas 10 minutos antes de la tregua. «Gracias a Dios sobrevivimos. Las propiedades se pueden reemplazar, las almas no», dijo, conteniendo las lágrimas.

    En el norte de Israel, los soldados que salían del Líbano eran saludados con abrazos y apretones de mano de sus camaradas. Las calles recobraron vida mientras los residentes salían de sus casas y de los refugios contra bombas. 

    «Me siento más seguro», dijo Johnny Wena, de 12 años, quien montaba su bicicleta por las calles de Metula. Haifa, Nahariya y otras ciudades afectadas comenzaron a despertarse después de más de un mes sin actividades. No obstante, Israel pidió a la población del norte del país que permanezca en los refugios como medida de precaución.

  • Repliegue

    Por su parte, el jefe de operaciones en el Comando Militar del Norte de Israel, coronel Alon Fridman, informó que en el término de siete a diez días podrán replegarse del sur de Líbano las fuerzas que participaron en la ofensiva y cuyo número, en los últimos días de combates, ascendió a 30.000 efectivos.

    La guerra dejó unos 1.200 muertos y 3.700 heridos en Líbano, en su inmensa mayoría civiles, desplazó a más de 900.000 personas, y los daños materiales se cifran en unos 6.000 millones de dólares, según las autoridades locales. En Israel, entre 300.000 y 500.000 personas fueron desplazadas del norte del país, unos 40 civiles fallecieron y al menos 116 soldados murieron en combates. Analistas indicaron que por el conflicto bélico, en 2006 se reducirá el crecimiento económico en un punto porcentual.
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