24 de junio 2026 - 00:00

De Francia al Valle de Uco: la historia detrás de los vinos orgánicos de Domaine Bousquet

La empresa nació en un campo virgen en Gualtallary hasta convertirse hoy en una de las bodegas orgánicas más reconocidas del mundo.

Anne Bousquet está hoy a cargo de la bodega iniciada por su padre. 

Anne Bousquet está hoy a cargo de la bodega iniciada por su padre. 

Anne Bousquet lidera una de las bodegas orgánicas más reconocidas del país. Cuando su padre Jean Bousquet llegó a Mendoza a fines de los años noventa, encontró algo que lo fascinó: un terroir prácticamente inexplorado en el Valle de Uco. Convencido de su potencial, vendió la bodega familiar que tenía en el sur de Francia y compró un campo virgen en Gualtallary, a siete kilómetros de Tupungato.

"Todo el mundo pensaba que estaba loco", recordó Anne Bousquet, su hija y actual propietaria de Domaine Bousquet. Sin embargo, lo que entonces parecía una apuesta temeraria terminó convirtiéndose en una de las historias más exitosas de la vitivinicultura argentina.

Anne creció entre viñedos en la región francesa de Languedoc. Justamente por haber visto de cerca el sacrificio que implicaba el negocio familiar, estaba convencida de que jamás trabajaría en el vino. Estudió Economía en Estados Unidos y proyectaba un futuro lejos de las bodegas. Pero una visita a Mendoza a comienzos de los años 2000 cambió sus planes. "Entendimos por qué mi padre se había enamorado de este lugar", contó. Junto a su hermano y su esposo decidió sumarse al proyecto familiar. Empezaron desde cero: perforaron pozos, prepararon el terreno, plantaron las primeras vides y esperaron varios años hasta obtener las primeras cosechas comerciales. En 2005 salieron al mercado las primeras botellas de Domaine Bousquet.

Orgánicos desde el primer día

La decisión que terminaría definiendo la identidad de la bodega nació incluso antes de que existiera el primer vino. Mientras planificaban los viñedos, la familia comprendió que las condiciones climáticas de Mendoza ofrecían una ventaja excepcional para la agricultura orgánica. La escasez de lluvias y la baja humedad reducían naturalmente muchos de los problemas sanitarios que enfrentan otras regiones vitivinícolas del mundo. Por eso, las viñas de Domaine Bousquet nacieron orgánicas.

"Muchas personas preguntan si es más costoso producir de manera orgánica. En nuestro caso no, porque nunca tuvimos que hacer la transición desde un viñedo convencional. Nuestras viñas crecieron así desde el comienzo", explicó Anne.

La decisión, tomada hace más de dos décadas, resultó visionaria. Hoy la bodega lleva más de 20 años certificada y se convirtió en una referencia internacional dentro de la categoría. Sin embargo, para Anne el desafío siempre fue demostrar algo más: que el vino orgánico no implica resignar calidad.

Durante años existió la percepción de que los vinos orgánicos pertenecían a una categoría distinta, más asociada a la sustentabilidad que a la excelencia enológica. Domaine Bousquet decidió desafiar esa idea. La bodega acumula reconocimientos internacionales y en 2023 obtuvo uno de los mayores hitos de su historia al recibir el premio al Mejor Productor de Vino Tinto del Mundo en el International Wine & Spirit Competition, una de las competencias más prestigiosas de la industria. El reconocimiento fue particularmente significativo porque convirtió a Domaine Bousquet en la primera bodega argentina y orgánica en obtener esa distinción.

La apuesta continúa. En los últimos años la empresa profundizó inversiones orientadas a los segmentos de alta gama, incorporando estudios geológicos detallados de sus viñedos y desarrollando nuevas instalaciones para la elaboración de vinos premium.

Bodega- montana- vinedo 1

Un legado que trasciende la bodega

Si algo enorgullece a Anne Bousquet es que el impacto del proyecto excede los límites de la empresa. Cuando la familia llegó a Gualtallary, la zona estaba lejos de ser el polo vitivinícola reconocido que es hoy. Con el paso de los años se instalaron nuevas bodegas, crecieron los emprendimientos turísticos y se generó un ecosistema económico que transformó la región. "Uno a veces sigue trabajando y no se detiene a apreciar todo lo que se construyó", reflexionó.

Actualmente Domaine Bousquet emplea a unas 160 personas. Además de la producción vitivinícola, desarrolla actividades de hospitalidad a través de un restaurante y un lodge de nueve habitaciones que atraen visitantes de todo el mundo.

Para Anne, economista de formación, ese desarrollo territorial forma parte del verdadero legado del proyecto: la generación de empleo, la capacitación de nuevas generaciones y la consolidación de una economía regional basada en el vino y el turismo.

El futuro del vino

A pesar de los logros alcanzados, Anne observa con preocupación los desafíos que enfrenta la industria global. La caída del consumo de alcohol, especialmente entre los jóvenes, está obligando a las bodegas a replantear estrategias y modelos de negocio. Según señala, el fenómeno no distingue fronteras y afecta por igual a regiones históricas como Burdeos, el sur de Francia o Mendoza.

Frente a ese escenario, considera que la única respuesta posible es la innovación. "Tenemos que escuchar más que nunca al consumidor", sostuvo.

Esa búsqueda incluye nuevos formatos de envase, propuestas más sustentables y productos adaptados a hábitos de consumo diferentes. Una lógica que, de algún modo, conecta con el espíritu pionero que impulsó a su padre a apostar por Gualtallary cuando casi nadie veía su potencial.

Casi treinta años después, aquella intuición parece haber encontrado su recompensa. Lo que comenzó como la aventura de una familia francesa en un rincón remoto del Valle de Uco se convirtió en una de las bodegas más reconocidas de Argentina y en una prueba concreta de que sustentabilidad, innovación y alta gama pueden convivir en una misma botella.