Ganar millones de dólares con la música no garantiza saber qué hacer con ellos después. Algunos artistas aprovecharon su fama para probar suerte con restaurantes, indumentaria, tecnología o clubes nocturnos, pero no todos consiguieron repetir fuera del escenario el éxito alcanzado frente al público.
Hubo proyectos que duraron apenas unos meses y otros que sobrevivieron durante años a pesar de perder dinero constantemente. En varios casos, las cifras terminaron siendo enormes y dejaron historias tan recordadas como curiosas.
El rapero fue de los que más perdieron a la hora de invertir en un negocio propio.
Instagram de 50 Cent
Los 4 famosos que perdieron fortunas con negocios que no prosperaron
No todos perdieron la misma cantidad ni llegaron al mismo punto. Algunos cerraron antes de que el problema creciera demasiado, mientras otros siguieron poniendo dinero durante años o terminaron envueltos en deudas y demandas millonarias.
50 Cent
50 Cent sabía perfectamente lo que era acertar con una inversión. Su participación en Vitaminwater le habría dejado cerca de u$s100 millones cuando Coca-Cola compró Glacéau en 2007 por u$s4.100 millones. Después intentó repetir la fórmula con varios negocios, aunque no todos salieron de la misma manera.
Uno de los golpes más fuertes llegó con su incursión en los auriculares. Un acuerdo con Sleek Audio terminó mal y una disputa por el diseño de los productos derivó en una condena de alrededor de u$s17,2 millones contra el rapero.
En 2015, Curtis Jackson se declaró en bancarrota bajo el Capítulo 11. Los documentos mostraban activos y deudas dentro de un rango de u$s10 millones a u$s50 millones, en medio de varios problemas judiciales y emprendimientos que no habían conseguido repetir el éxito de Vitaminwater.
Los Beatles
En pleno auge de la banda, los Beatles decidieron abrir Apple Boutique en Baker Street, Londres. La tienda comenzó a funcionar a fines de 1967 y vendía ropa y accesorios cargados con la estética psicodélica de aquellos años.
El problema fue que el movimiento de gente no se traducía en ganancias. Los robos de mercadería eran frecuentes, incluso entre empleados, y las pérdidas crecieron rápidamente. En menos de ocho meses, el negocio habría perdido unas 200.000 libras de la época, una cifra cercana a u$s4 millones actuales.
La boutique cerró en julio de 1968 y tuvo un final bastante acorde a la historia: en lugar de liquidar la mercadería de manera convencional, los productos restantes fueron regalados al público. La experiencia terminó convertida en uno de los primeros grandes tropiezos comerciales del grupo.
Flavor Flav
A Flavor Flav le alcanzaron apenas cuatro meses para comprobar que vender pollo frito podía ser bastante más complicado de lo esperado. En enero de 2011 abrió Flav's Fried Chicken en Clinton, Iowa, junto a su socio Nick Cimino, con la intención de convertir el proyecto en una cadena.
Los problemas aparecieron rápido. Empleados denunciaron cheques rechazados y la relación entre los socios terminó en acusaciones cruzadas sobre cómo se manejaba el local. El restaurante cerró en abril, apenas cuatro meses después de la apertura.
El conflicto siguió incluso después de bajar la persiana. Una distribuidora reclamó más de u$s12.000 por mercadería impaga, mientras Cimino aseguró haber quedado con un déficit cercano a u$s30.000.
New Order
New Order hizo prácticamente lo contrario: en vez de abandonar rápido una mala inversión, sostuvo durante 15 años un negocio que no dejaba de perder dinero. "The Haçienda" abrió en Manchester en 1982, financiada en buena parte por la banda y Factory Records, y terminó convirtiéndose en uno de los clubes más famosos de la escena británica.
La popularidad nunca solucionó del todo las cuentas. Durante sus primeros años había noches con poco público y, cuando explotó la cultura rave, muchos asistentes gastaban poco en el bar, una de las principales fuentes de ingresos del lugar. Mientras tanto, el dinero generado por New Order ayudaba a mantener abierto el club.
The Haçienda sobrevivió hasta 1997 sin conseguir transformarse en un negocio rentable. Peter Hook resumió años después la experiencia en un libro cuyo título decía bastante por sí solo: "The Haçienda: Cómo no dirigir un club".