Muchas historias de empresarios millonarios comienzan con ideas muy simples y una oportunidad inesperada. En algunos de esos casos, es incluso una decisión arriesgada la que termina en un negocio que factura fortunas por año.
Un empresario nacido en Turquía construyó un imperio lácteo en Estados Unidos y creó una de las marcas más vendidas.
Este empresario apostó por la industria del yogur y se convirtió en uno de los multimillonarios más importantes del sector.
Muchas historias de empresarios millonarios comienzan con ideas muy simples y una oportunidad inesperada. En algunos de esos casos, es incluso una decisión arriesgada la que termina en un negocio que factura fortunas por año.
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Eso es exactamente lo que pasó con Hamdi Ulukaya, un inmigrante que llegó a Estados Unidos para estudiar y años después creó una de las compañías de alimentos más conocidas del país.
Hamdi Ulukaya nació el 26 de octubre de 1972 en Turquía, dentro de una familia kurda dedicada a la producción de lácteos. En la granja familiar criaban ovejas y cabras, además de preparar queso y yogur de manera artesanal.
Durante su juventud estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Ankara. A mediados de la década de 1990 decidió mudarse a Estados Unidos para aprender inglés. Primero fue a cursos en la Universidad Adelphi y despues tomó materias de negocios en la Universidad de Albany.
En esos años comenzó a interesarse por el mercado alimentario. Con el apoyo de su familia, inició un pequeño negocio de importación de queso feta desde Turquía y más tarde abrió una planta para producirlo en territorio estadounidense.
El gran cambio llegó en 2005, cuando Ulukaya vio un aviso sobre una fábrica de yogur que había cerrado en el estado de Nueva York. A pesar del riesgo, pidió un préstamo y compró la planta. De ahí estuvo casi dos años trabajando en una receta inspirada en el yogur tradicional turco. El resultado fue un producto más espeso y con mayor contenido de proteínas que el que predominaba en los Estados Unidos.
En 2007 presentó al mercado la marca Chobani, la cual sin presupuesto para publicidad masiva, apostó por degustaciones y contacto directo con consumidores. También negoció con supermercados para poner el producto en góndolas.
La estrategia funcionó y en pocos años el yogur griego de Chobani se convirtió en uno de los más vendidos del país. La compañía continuó su expansión con nuevas plantas y una gran fábrica inaugurada en Twin Falls. Con el tiempo también sumó otros alimentos, como productos elaborados con avena y cremas lácteas.
El crecimiento de Chobani impulsó la fortuna personal de Hamdi Ulukaya, quien según estimaciones financieras, ya posee alrededor del 78% de la empresa, cuya sede central se encuentra en New Berlin. Gracias a esa participación, su patrimonio ronda los 2.500 millones de dólares, convirtiendolo en uno de los empresarios más ricos de la industria alimentaria.
Además del negocio principal, el empresario también invirtió en otras compañías, entre ellas La Colombe Coffee Roasters. Ulukaya también participa en iniciativas solidarias y firmó el compromiso internacional conocido como The Giving Pledge, mediante el cual varios millonarios prometen donar gran parte de su patrimonio.
Otra característica de su modelo empresarial consiste en compartir beneficios con el personal. En distintos momentos anunció planes de entrega de acciones a empleados y programas de contratación destinados a refugiados.
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