¿Quiénes son los nuevos inversores de las criptomonedas?

Opiniones

Una de las características que impulsa y atrae a nuevos inversores en Argentina, más allá de la divulgación por parte de influencers y famosos auspiciados por los exchanges de compra y venta de criptomonedas, es que la posesión de criptomonedas actualmente no pasa por el radar de la AFIP.

Con la nueva explosión del interés y una mayor cantidad de inversores en el mundo de las criptomonedas, es necesario preguntarnos quiénes son y qué ideas tienen aquellos que han sido atraídos por estas monedas digitales. ¿Qué ideologías han predominado en los primeros inversores y cómo se conforma actualmente el espectro ideológico de este mundo?

Hemos de comenzar por explicar el origen del bitcoin, que es la primera y la más importante de las tantas criptomonedas que existen al día de hoy. Para aquellos que no conocen su historia, el bitcoin entró al mundo el 3 de enero del 2009, cuando Satoshi Nakamoto, cuya identidad no ha sido confirmada y se atribuye en la literatura a un conjunto de hackers, minó el primer bloque de bitcoin. Luego, Satoshi Nakamoto, publica el 2 de febrero del 2009 un post en el foro de la página web http://p2pfoundation.ning.com. Allí expresa que: “El problema fundamental de la moneda convencional es la confianza que se requiere para que funcione. Hay que confiar en que el banco central no degradará la moneda, pero la historia de las monedas fiduciarias está llena de violaciones de esa confianza. Hay que confiar en que los bancos guarden nuestro dinero y lo transfieran electrónicamente, pero lo prestan en oleadas de burbujas de crédito con apenas una fracción en reserva”.

Este rechazo hacia el modelo de confianza en los bancos centrales que critica Nakamoto se debe situar en el contexto de la crisis financiera mundial que estalló plenamente a fines del 2008. Como muchas veces ha ocurrido a lo largo de su historia, cuando el capitalismo se enfrenta a una crisis, tiende a ser reestructurado. De esta manera, nuevas tecnologías, nuevos modos de organización, de trabajos y mercados emergen para crear formas alternativas para la acumulación del capital (Srnicek).

En este sentido, Baldwin comenta que los sectores que han respondido al llamado de Nakamoto fueron los ciber-libertarios, quienes entienden que no hay necesidad de confiar ni en los gobiernos ni en los bancos; los tecno- utópicos, a quienes les atraía la eficiencia, velocidad y conectividad que permiten las transacciones en el sistema bitcoin; y los ciber-anarquistas, quienes abogaban por valores como libertad, descentralización y anonimidad. En su conjunto estos sectores han celebrado al bitcoin como una moneda digital que tenía el potencial de desafiar el orden económico mundial, facilitar nuevas formas de libertad y revolucionar desde el comercio en línea hasta el Estado-nación.

Especialmente podemos observar que el discurso del bitcoin se ha adaptado muy bien al discurso de los ciber-libertarios, ya que expresa que las corporaciones, el neoliberalismo, el libre mercado y el poder económico no precisan de los bancos centrales y de las regulaciones que estos imponen. De esta forma, como afirma Baldwin, el discurso del bitcoin canaliza las ideas del ala libertaria en sus definiciones de sociedad, libertad, economía y política.

Ahora bien, más allá de la recepción inicial que tuvo el bitcoin, es esencial analizar el comportamiento de los nuevos inversores que se están acercando al mercado de las criptomonedas.

En primer lugar, hay muchas personas que ven las criptomonedas como una inversión conveniente a largo plazo, por lo cual se dedican a realizar “HODL” (mantenerlas a largo plazo en una billetera digital). Sin embargo, como también ocurre en el mercado de las acciones que cotizan en la bolsa, es posible realizar movimientos más riesgosos, como es el trading de futuros. Estas opciones permiten, si son ejecutadas correctamente, ganar un alto porcentaje de la inversión en poco tiempo, por lo tanto da lugar a inversores especulativos, que buscan acreditar ganancias en el corto plazo.

Una de las características que impulsa y atrae a nuevos inversores en Argentina, más allá de la divulgación por parte de influencers y famosos auspiciados por los exchanges de compra y venta de criptomonedas, es que la posesión de criptomonedas actualmente no pasa por el radar de la AFIP. Esta característica es sumamente atractiva tanto para quienes trabajan en la informalidad como para todo un amplio sector de la sociedad que está enojado con un Estado que lo único que hace es, según sus palabras, “meterle la mano en sus bolsillos”.

Este tipo de expresiones es característica, como hemos visto, del sector ciber-libertario. Si bien no se debe realizar una conexión directa entre los valores que expresa el ciber-libertarismo con respecto a los libertarios políticos, si encontramos una conexión ideológica y prácticas en común.

Para unir las prácticas materiales con las ideas propias viene bien introducir que para Marx y Engels la conciencia y las ideas de una época se engendran en determinadas condiciones materiales de vida. Por eso, expresan que es desde la materialidad y las relaciones de producción concretas que la conciencia y el conjunto de ideas propias se determinan. Si se interpreta entonces que las prácticas son un elemento esencial en la conformación de nuestras ideas y valores, entonces podemos comprender que parte de los nuevos inversores de las criptomonedas se caracterizan por tomar una postura activa contra las obligaciones impositivas que impone la AFIP. Por eso es posible afirmar que optan por invertir en estos activos tanto por la posibilidad concreta del lucro individual, como por la rebeldía que se expresa ante el Estado.

Sin embargo, la masa de nuevos inversores no se puede caracterizar unánimemente como parte del sector ciber-libertario. Específicamente, desde que inversores institucionales, como el fondo de inversión Greyscale y empresas como MicroStrategy y Tesla, han comenzado a invertir en bitcoin, muchas personas que antes solo invertían en la bolsa de valores y otros instrumentos tradicionales, se están acercando al mundo de las criptomonedas. De este modo encontramos una verdadera diversidad de perfiles que están comenzando a invertir en este nuevo mercado.

En este sentido, aunque no haya una ideología en común entre todos los inversores de las criptomonedas, si se puede comprender que hay un conjunto de personas no despreciable que optan por ellas porque ven representados en esta inversión sus ideales y sus formas de entender el mundo. Así, la confianza de estos pasa de los bancos y los Estados a la confianza en los algoritmos y en los software de encriptación (Baldwin).

Podemos concluir que aunque quienes participan del mundo de las criptomonedas son participantes activos de lo que puede llegar a constituirse como una verdadera revolución tecnológica, no necesariamente están impulsados por el bien común (Rabosto; Zukerfeld).

Más bien, lo que se encuentra generalmente en el ímpetu de sus inversiones son motivaciones económicas e individuales: el homo economicus no es desafiado, sino reafirmado.

(*) Estudiante avanzado de la licenciatura en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y se desempeña como adscripto en la cátedra de Filosofía de la Cultura de dicha Universidad

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