China e India están en la mira de América latina. Ambos países despiertan gran admiración ante el éxito económico que han experimentado en los últimos años, pero también un creciente recelo ante la posibilidad de que nos estén desplazando en los mercados mundiales de manufacturas y en los flujos de inversión extranjera.
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En efecto, mientras que en 1980 la economía de América latina y el Caribe (ALC) en su conjunto era del doble que la de China e India juntas, ya para 2004 era 20% menor.
Asimismo, la participación de ambos países en las exportaciones mundiales es hoy 50% mayor que la de ALC, mientras que en 1990 ocurría justamente lo contrario.
Sin embargo, la creencia de que China e India son los culpables del crecimiento modesto de América latina es equivocada. De hecho, el rápido crecimiento y la mayor participación de estos dos gigantes en la economía mundial han sido en general positivos para la región, a pesar de ciertos efectos adversos que la competencia asiática ha tenido en algunos países e industrias. Así lo demuestra un nuevo estudio del Banco Mundial, titulado «La respuesta de América latina y el Caribe al crecimiento de China e India», el cual acabamos de presentar en Singapur durante la Asamblea Anual del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Positivo
Entre los efectos positivos para los latinoamericanos, cabe destacar el aumento de demanda y alza de precios de los productos básicos como resultado de las mayores importaciones de China e India, lo cual ha beneficiado a los exportadores de productos como el cobre, el petróleo y la soja de América de Sur. Otros aspectos positivos incluyen mayores oportunidades de exportación de manufacturas a los mercados asiáticos, así como nuevas alternativas de producción y aumentos de competitividad vinculados con la adquisición de insumos intermedios más baratos provenientes de China e India, y la participación en las redes de producción asiáticas. Asimismo, China se ha convertido en un gran exportador de capital financiero, contribuyendo de esta forma a bajas tasas de interés en todo el mundo, a tiempo que aumenta con rapidez su inversión directa en terceros países.
Ahora bien, también hay que reconocer que estos beneficios no han estado exentos de cierto sufrimiento. Algunas industrias, en particular en México y América Central se han visto afectadas negativamente. Entre ellas, las de maquinaria industrial y eléctrica, productos electrónicos y textiles y confecciones.
Aun así, no debemos perder de vista las diferentes maneras con las cuales los países se están enfrentando el desafío asiático. Costa Rica y República Dominicana, por ejemplo, se están especializando en la producción de textiles y vestimentas de mejor calidad y mayores precios. En contraste, Haití y Nicaragua están siendo desplazados hacia una producción de mano de obra poco calificada con salarios más bajos. Por su parte, la situación de México es especial, ya que es el único país de América latina cuyas ventajas comparativas se han movido en la misma dirección que las dos economías asiáticas, por lo que ha sido el más afectado por el surgimiento de China e India.
Los países latinoamericanos no han sabido aprovechar plenamente las nuevas oportunidades ofrecidas por estas dos nuevas potencias. En vez de responder con políticas proteccionistas, la región debería adoptar estrategias agresivas para aumentar su participación en los mercados de estos países. Asimismo, consolidar su propia capacidad de competir a nivel mundial -aprovechando insumos baratos provenientes de estas naciones e integrándose en las redes de producción asiáticas- y fortalecer su agenda interna de desarrollo.
Es fundamental que haya mejores políticas de innovación y educación para ayudar a empresas y trabajadores a mejorar su competitividad y adquirir las habilidades necesarias para avanzar hacia productos de mayor calidad y mano de obra calificada. Es vital contar con políticas que faciliten el desarrollo rural, la conservación de los recursos y la creación de industrias basadas en recursos naturales, para así ayudar a las economías a responder positivamente a la mayor demanda y precios de los productos básicos. También es necesario apoyar la reestructuración en industrias afectadas y el entrenamiento y reubicación de algunos trabajadores.
En suma, China e India no deben ser vistas como amenaza sino como una oportunidad que, bien aprovechada, podría ayudar a acelerar el crecimiento económico en América latina y a fortalecer su lucha contra la pobreza y la desigualdad.
(*) Vicepresidenta y economista jefe del Banco Mundial para la región América latina y el Caribe, respectivamente.
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