-¿Cuál era el apuro?
El 25 de febrero de 2016, el stock de LEBAC ya había aumentado $155.000 millones desde la asunción de Cambiemos, con lo cual ascendía a $404 mil millones (74% de la base monetaria). Y conjuntamente, el BCRA había colocado LEBAC a plazos muchos más cortos, con lo cual el plazo promedio de los instrumentos licitados había caído de 161 a 41 días. Con un voluminoso stock de letras a plazos cada vez más cortos, el BCRA pasaba de tener que renovar $11.000 millones de LEBAC por semana con Cristina Kirchner, a renovar más de 40.000 millones en solo 10 semanas, mientras se acumulaban fuertes vencimientos de LEBAC en las próximas 4 semanas ($53.000 millones promedio por semana).
Para cumplir con la meta de inflación de 20/25% anual se requería seguir mega esterilizando pesos el resto del año 2016. Pero si seguían esterilizando pesos para poder cumplir con la meta de inflación podían terminar con una caída del crédito y metiendo la economía en recesión. Pues eso es lo que logró el tándem Prat Gay-Sturzenegger y, por supuesto la meta de inflación no se alcanzó por lejos (fue 36%).
Macri: la economía a menos de 100 días
Fuerte caída de la actividad económica, duplicación de la velocidad inflacionaria, retracción del crédito, caída real de la recaudación y tensión cambiaria-2.000 millones de dólares en pérdida de reservas-. La mejora del clima de negocios, la eliminación de impuestos a la exportación, la reapertura de la economía y el acceso a los dólares de financiamiento externo, no modificaron la situación.
El BCRA desaceleró la expansión monetaria, haciendo retroceder el crédito y debilitando el nivel de actividad económica. Los créditos al sector privado se contrajeron alrededor de 8 mil millones de pesos, cuando un año atrás crecían 12.000 millones de pesos. La suba de la tasa de interés, hizo bajar el crédito comercial en más de 4 mil millones de pesos, y las financiaciones como Procrear y el programa de inversión productiva, cayeron 3 mil millones de pesos.
Lo más preocupante fue que el BCRA colocó una formidable cantidad de LEBAC (Letras del Banco Central) a corto plazo. Esto significaba que pidió préstamos en nuestros bancos, que como consecuencia no podrían llegar a las empresas privadas. Durante marzo vencían 254 mil millones de pesos; el primer día de marzo el BCRA tuvo que emitir 2.800 millones de pesos para el BNA porque el Tesoro le retiró sus depósitos. Es decir, el BCRA no emitió para el fisco, pero emitió para el BNA de Melconían (Carlos Melconían fue uno de los bonistas que demandó a la Argentina ante el juez Griesa, 23 de junio de 2016, INFOBAE)
Esa semana el BCRA subió la tasa de interés hasta el 38% y volvió a absorber pesos, endeudándose más, a corto plazo. Iba a volver a emitir para financiar al Tesoro, para comprar divisas y para fortalecer su posición de reservas, y porque tendría que enfrentar los vencimientos de LEBAC.
Los indicadores de actividad económica de enero y febrero mostraban fuertes caídas; caía el consumo, la producción industrial y la construcción. Se producía un descenso de 3.3% anual en las ventas del comercio minorista en el primer bimestre del año, y la construcción comenzaba mal en 2016. Los indicadores sobre actividad industrial también se desaceleraban y, en solo un trimestre estaríamos técnicamente en recesión. La producción de autos cayó 27% anual en el primer bimestre, se produjeron en los primeros dos meses 52 mil unidades, 50% menos de lo producido en mismo periodo de 2013. El consumo privado tenía malas perspectivas y llegaba la actualización salarial, pero la política monetaria era inconsistente con la mejora del consumo.
En el mercado laboral se perdieron 107 mil puestos de trabajo en los primeros dos meses de 2016, y previsiblemente las empresas no tomarían personal en el próximo trimestre. La caída del salario real fue espectacular por la aceleración de la inflación.
No había mejoramiento del clima de negocios, aun con flexibilización de restricciones para acceder a divisas y giro de dividendos. No existía ninguna mejora de los flujos de inversión extranjera.
Seguía la incertidumbre macroeconómica, faltaba un programa fiscal y un programa monetario que diera previsibilidad. En materia fiscal, el gasto devengado subía en las últimas semanas de febrero 2016 y acumulaba 33% anual de incremento. La recaudación mostraba una fuerte caída real en febrero, al subir solo 26% año contra año-suba nominal-, bien por debajo de cualquier cifra nominal de inflación aceptada. La inflación se aceleró, a un mínimo de 4% mensual. Marzo apuntaba a 5%, y todo indicaba que la inflación anual alcanzaría 35/40%, más allá del optimismo del ministro “brotes verdes”.
La gran novedad fue el dibujo del INDEC (reintegraron y expulsaron funcionaria clave, y su titular, lamentablemente estaba con parte de enfermo). No era difícil comprender que la inflación, tenía que haber destrozado los indicadores sociales. La primicia fue que el artificioso Ministerio de Hacienda informo el déficit fiscal primario correspondiente al año 2015, sumando el dato de enero de 2016, con una metodología que superaba cualquier tergiversación. Se debería haber computado el déficit por lo efectivamente pagado, sin computer la deuda exigible.
Conclusión: termino la “luna de miel”, y los resultados fueron que: la inflación se duplicó, la actividad económica estaba en caída libre y, subía el desempleo. Si esta tendencia de 100 días se consolidaba, 2016 se orientaba a una caída de 2.5% del PBI, así daba un promedio (no publicado) de consultoras privadas amigables con el oficialismo.
Moe, Larry, Curly y Shemp y el Dia de los Santos Inocentes (28-12-2017)
“Queremos trasmitirle a los argentinos tranquilidad”, dijo Marcos Peña, desbordando los límites del disparate. -¿Esa gentuza era una pandilla de inútiles o una caterva de canallas que quería exterminar el país?- El Presidente debía buscar un jefe de gabinete menos malo y un equipo económico menos chiflado. Ese día desafiaron el sentido común. Decían que bajarían el gasto público al mismo tiempo que mejorarían los beneficios de los jubilados. Que todos los días estaríamos un poco mejor y cada vez había más conflictos.
La republiquita de Lilita Carrió -ya parecía una republiqueta-, la diputada denunciaba un contubernio entre Nosiglia y Angelici, diciendo que Calcaterra iría a la cárcel.
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Recalculando. La famosa conferencia del 28 D, con Sturzenegger, Peña, Dujovne y Caputo.
No se recordaba hasta estos días una divergencia tan contrastante entre la realidad que se vivía y las consecuencias que sufría la gente que votó Cambiemos, en elecciones de medio termino unas semanas antes. Era una tragedia, en dos años de “gobierno serio”, no habían probado la aplicación de “políticas serias”. Bajaron las retenciones y perdonaron deudas a las empresas que ganaban dinero, mientras caía el ingreso de los más vulnerables.
Como decíamos, la deuda se había extendido sorprendentemente, mientras las agencias de ratings mejoraban las perspectivas de Argentina… Estábamos haciendo lo que hacían los países serios, decía el mejor equipo de los últimos 50 años. Al equipo le faltaba sabiduría para vivir la vida cotidiana. Esa sapiencia que suele desplazar a cualquier otra habilidad intelectual, que por cierto tampoco aparecía.
Conferencia de prensa para comunicar la decisión de “recalibrar metas inflacionarias”, un día después de aprobarse el presupuesto con otra meta. El Gobierno elevaba la meta de inflación para 2018 y estiraba un año más el objetivo de 5% anual para 2020. ¡qué suerte tendría Alberto Fernández! …
El rebote técnico 2017 no fue sustentable, la desaceleración de indicadores claves ya estaba el día de la conferencia. Hacía la cola el recalentamiento de la inflación, no una desaceleración, debido a los ajustes tarifarios previstos en luz, gas y transporte-donde Marcos Peña a la pregunta del periodista, se remitió al anuncio que realizaría luego el ministro del área-. “Tómala vos, dámela a mí”, comenzaba el juego de la supervivencia. Mucho se había insistido en corregir desbalances macroeconómicos, pero, por el contrario, se agravaron los existentes.
“La inflación no puede continuar en niveles elevados por un largo tiempo” según Sturzenegger, pero el ajuste de las tarifas públicas tenía efectos persistentes. Estos factores no se habían consensuado a la hora de diseñar la estrategia antiinflacionaria consistente, donde el BCRA financiaba directa e indirectamente el déficit fiscal. Pese al esfuerzo comunicacional que se hiciera, era poco probable que en 2018 la inflación bajara del 20% anual. Si a ello le sumábamos el creciente déficit del sector externo (cuenta corriente) en 2018-unos u$s 35.000 millones-según dijo “Toto” (mientras su mirada esquiva se dispersaba hacia el universo) hablaba de 5.4% del PBI, era muy grave. El déficit externo no sólo era consecuencia de la política fiscal, sino de una política monetaria contractiva de altas tasas de interés que implicaba altos rendimientos en dólares incentivando la entrada de capitales golondrinas que podrían irse y, se fueron. Fue una avalancha de dólares financieros la que sostuvo el retraso cambiario que aporreó la exportación y amplió el déficit comercial y de cuenta corriente. El peso sobrevaluado generó un menesteroso desempeño de las exportaciones que crecieron solo 1.8% anual, cuando la región lo hizo a tasas promedio de 18% (tuvimos 90% menos de crecimiento). El déficit comercial alcanzó en 2017: u$s 9.000 millones. El país no estaba generando divisas para pagar deuda. Por cierto, era falso como casi todo, que se registrara una extraordinaria disminución de la tasa de interés como dijo “el Messi de las finanzas”, ese inolvidable día.
2018, de George Orwell
2018 nos tuvo a todos los argentinos sobresaltados. Lo cierto es que, desde el inicio del Gobierno (2016), el presidente y sus economistas volvían una y otra vez a los excesos. Más devaluación, más inflación, más tasa de interés, mayor ganancia financiera, más desempleo, más pobreza, más indigencia. Menos actividad económica, menos ganancia corporativa-ex empresas energéticas-, menos capacidad adquisitiva del salario.
Pesaba la desacertada herencia de Prat Gay-Sturzenegger, con su decisión de sustituir emisión, con fuentes de financiamiento, apelando a un menor fondeo del BCRA-tanto en pesos como en dólares-con endeudamiento forzado. Esto fue facilitado por el arreglo sospechoso (mencionado más arriba) y precipitado con los holdouts, que permitió al gobierno nacional y las provincias colocar un monto significativo de deuda en el mercado internacional, que llevó a una importante oferta de dólares en el mercado local que excedió la demanda de divisas. Escenario propicio para generar “la bicicleta”, no los “brotes verdes”. - ¿Plan o consecuencia? - No lo sabemos.
Lo cierto es que aquella situación de ingreso abundante de divisas por préstamos al Gobierno nacional y provincial (2016-2017), fue acompañada por “hot money” y todo junto presionando el tipo de cambio a la baja, apreciando el peso. De cara al pequeño mercado de capitales de Argentina, también el sector privado colocó deuda en el mercado internacional. Atracción de ahorro externo motivado por las altas tasas de interés locales, y una expectativa de devaluación sensiblemente inferior a la tasa de inflación-lo que implicaba altas tasas de interés en dólares-los capitales ingresaron al país por el arbitraje de portafolios presionando también el tipo de cambio a la baja-apreciando el peso. El trilema “al palo”: libre movilidad de capital, tipo de cambio fijo y una política monetaria autónoma.
En 2018 la Argentina ya no tenía el abultado superávit de la cuenta capital de 2016-2017, lo que implicaba que había mucho menos ahorro externo invertido en la Argentina y una enorme acumulación de activos externos invertidos fuera del país por parte de los residentes argentinos.
- ¿Usted cree que los economistas que hoy están dando catedra no habían tomado nota de lo que hemos detallado?- La ocultación de la mega crisis estaba presente. El costo de mantener el recipiente a presión era creciente, los tiempos cortos, “la incertidumbre K” que habían cacareado, ahora gritaba por doquier: “Vamos al FMI”.
Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani
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