Un informe reciente de FTI Consulting señala que nunca hubo tanta intensidad en el clima de negocios como en la actualidad y destaca que “no debería sorprender que muchas empresas e inversionistas particulares estén buscando plantar nuevas semillas en un suelo más fértil, construyendo otros modelos de negocios sobre la marcha, mientras ‘deconstruyen’ los viejos”.
En este contexto de intensidad y de cambio, la productividad como se analiza al día de hoy ya no es un objetivo en sí mismo dado que no contempla el valor de las ideas, la economía colaborativa ni la innovación; en definitiva, no contempla en este mundo cambiante, la capacidad de transformación de la propia empresa.
El World Economic Forum (WEF) desarrolla todos los años un índice de competitividad. Analiza cientos de factores que determinan el nivel de productividad de un país. Al respecto Xavier Sala-i-Martin, profesor de la Universidad de Columbia, señala justamente que los cambios producidos en la última década obligan a cambiar la forma de medir ello, cree que hay que darle a dichos índices más peso a las ideas y a la innovación.
Mayormente los directorios de empresas y sus directivos saben que hay que cambiar, por necesidad u oportunidad, pero hacer lo mismo, de la misma manera, ya no es una opción tal cual señala el informe de FTI Consulting. Según un estudio de PwC sobre “la fuerza laboral del futuro”, señala que “el 74% de los trabajadores actuales están listos para capacitarse y aprender nuevas habilidades para seguir siendo empleados en el futuro”. Las instituciones van un paso atrás por razones obvias, la complejidad es otra; sin embargo, lo que asusta es la pasividad de algunos líderes que no pueden o quieren interpretar esta nueva realidad y creen que haciendo lo mismo, tendrán mejores resultados.
“La buena noticia es que las empresas nuevas son más ágiles. La mala es que sus días están contados, a no ser que innoven continuamente" señala un estudio de Universidad de Dartmouth, en el que analizaron 27.000 empresas.
Existe también la confusión respecto al cambio que exigen los accionistas dado que muchos interpretan que la solución está en la mejora en la productividad y en ese marco, su solución muchas veces es la incorporación de tecnología. Sobre ello, George Westerman, investigador principal del MIT Sloan en economía digital, destaca que no está de acuerdo. En un artículo que publicó hace pocas semanas dice que “el enfoque en la tecnología puede dirigir la conversación en una dirección peligrosa, porque cuando hablamos de transformación digital, lo ‘digital’ no es la respuesta. La ‘transformación’ lo es”.
Es decir, la tecnología es una herramienta, no un fin en sí mismo. Podríamos decir que es una condición necesaria, pero no suficiente.
El punto es que hay que pensar en la rentabilidad, pero también en los cambios que requiere tu negocio para sobrevivir, los próximos 10 años. Ejemplos de ello podrían ser el de YPF que mutó de una empresa petrolera a una de energía o Philip Morris que busca ser una empresa libre de humo por sus productos de riesgo reducido. Aunque ambas empresas busquen mejorar la rentabilidad del negocio actual, si no piensan en las demandas del “nuevo mundo”, sino trabajan en sus propias transformaciones, dejarán de existir.
(*) Socio de HRC.
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