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Es perentorio diseñar un nuevo universo en el cual se reflejen las expectativas del conjunto de los argentinos para evitar que la vida de la gente en todos sus órdenes sea la variable de ajuste de la disputa política entre facciones que a diario comprometen nuestro presente y porvenir.
La intemperancia del discurso oficial y la ausencia de diálogo en el país ponen en evidencia el estado de facción en el cual se encuentra la opinión política nacional. Esta fragmentación -en la que el mismo gobierno actúa como una facción más- incrementa la necesidad de un conjunto que contenga a las partes, pues éstas sólo pueden existir en el contexto de un todo. Y ese todo no podrá ser instituido sino mediante un ejercicio colectivo de responsabilidad por parte de una dirigencia seriamente comprometida en afianzar nuestra cohesión social, aun en el contexto de la dura competencia internacional que nos significa participar activamente de un mundo global. El gobierno debe comprender que las adversidades de una áspera negociación sólo pueden ser afrontadas con el respaldo de la unidad de los argentinos pero esta última no podrá ser alcanzada sino a través de la participación.
Por todo ello, inmediatamente después de las elecciones, con prescindencia de resultado alguno, es necesario convocar -como en los acuerdos españoles de la Moncloa- a todas las fuerzas políticas del país con representación parlamentaria y demás fuerzas sociales con el propósito de establecer una agenda de temas de Estado que restituyan la estabilidad, la credibilidad, la previsibilidad y el prestigio que la Argentina supo tener en muchos períodos de su historia.
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