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2 de febrero 2020 - 00:00

Crimen en Villa Gesell: ¿Dónde están los adultos?

Es verdad que para el adolescente el grupo y los mandatos sociales toman una dimensión muy grande, pero saber cuándo parar, qué está bien y qué está mal, son lecciones tan básicas como necesarias.

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Agencia de Noticias Argentinas

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¿Dónde están los adultos cuando 10 jóvenes matan a golpes a otro? Diez jóvenes, supuestamente educados, que fueron a buenos colegios, que deciden, por diversión, para reafirmar su masculinidad, por un mandato social, o por lo que sea, matar a golpes y patadas a otro joven creyendo que son, ¿qué? inimputables?

¿Nadie vio nada? ¿Nadie vio como tomaban en exceso? ¿Nadie vio una provocación? ¿Nadie los vio envalentonarse? Ningún adulto intentó nada, salvo echarlos a la calle "para que se la agarren entre ellos pero no dentro del boliche".

¿Dónde están los adultos?

¿Dónde están los adultos que les tendrían que haber explicado que si bien el rugby es un deporte con un fuerte compromiso físico, la violencia que se exhibe en la cancha debe quedar ahí, en la cancha, no afuera.

¿Dónde están los adultos?

¿Dónde están los adultos que tendrían que haberles enseñado que lastimar a otra persona física o emocionalmente no está bien. Que cuando alguien sufre, ya no es divertido ni una broma. Que atacar en patota a uno solo, no es de vivos, es de cobardes. Y que sí sólo no lo hacés, porque sabés que está mal, ¿por qué sí lo hacés en grupo?

Es verdad que para el adolescente el grupo y los mandatos sociales toman una dimensión muy grande, pero saber cuándo parar, qué está bien y qué está mal, son lecciones tan básicas como necesarias.

¿Dónde están los adultos que deberían haberles hablado y educado, desde chicos, acerca de la convivencia, acerca del aceptar que somos diferentes, y que por eso nos vestimos diferente, hablamos diferente y nos gustan cosas diferentes, y que eso está bien?

Porque cuando aprendemos desde chicos que cada uno de nosotros es diferente, ya no necesitamos hablar de inclusión en la escuela- hablaríamos de convivencia, y tal vez con ese aprendizaje nos evitaríamos enfrentamientos por cuestiones clasistas o sexistas.

¿Dónde están los adultos?

¿Dónde están los adultos cuando los chicos de 14 o 15 años hacen una previa en la casa de alguno, y el padre o madre "cancher@" permite que haya alcohol en esa previa y ahí arrancamos, desde jovencitos con el transgredir? Porque si hacemos las cosas de los 18 a los 14, ¿qué hacemos entonces a los 18? Y… transgredimos.

¿¡Dónde están los adultos, me pregunto yo!? Ser padre es difícil, pero ser adolescente también. Están los mandatos sociales, el querer pertenecer al grupo de pertenencia, a sus ideales y mandatos,...¡y ni hablar de las consecuencias del alcohol y las drogas!

Lo que un chico solo no haría, en manada y bajo los efectos del alcohol, tal vez sí. Y si encima el adulto mira para otro lado, ni hablar...

Criar y educar no es lo mismo. Los valores humanos son aquellos aspectos positivos que nos permiten convivir con otras personas de un modo justo, con el fin de alcanzar un beneficio global como sociedad. Si bien la familia es la primera escuela de valores, lamentablemente, a lo largo de las generaciones pareciera que se han devaluado algunos valores.

No somos, ni debemos ser, amigos de nuestros hijos. Somos padres, con todo lo que eso implica. Padres que deben poner límites, padres que deben educar. Padres que, muchas veces, deberán decir que no: que no se puede hacer tal o cual cosa, o que no te compro eso que quieres porque no lo necesitas.

No podemos ni debemos decir que sí a todo para no pelear, no entrar en confrontaciones o tener miedo de que no nos quieran. Si vemos que nuestros hijos se enojan porque les decimos que no, y para que no se enojen —o para no escucharlos— les decimos que sí, estamos cometiendo un error al ser cortoplacistas. Es decir, debemos mirar hacia adelante y comprender que muchas de nuestras acciones van a tener un efecto aun en la adultez de nuestros hijos.

Cada chico es diferente como diferente debe ser la educación que reciban. Educar a nuestros hijos no debe generarnos angustias ni una batalla campal en casa. Tal vez, poner la mirada en tratar de ser los padres que necesitan nuestros hijos –dejando de lado el ideal de padres que nos gustaría alcanzar– nos ayudaría a transitar el camino de una manera más relajada y de mayor conexión con ellos. Cuando un padre dice “no me escucha”, “no me hace caso”, “le presta más atención sus amigos que a mí”, claramente ha perdido la influencia, y la influencia se pierde cuando se pierde la conexión con ellos.

Necesitamos de adultos que se comprometen con la educación de los chicos. Que se eduque para que ellos puedan desarrollar la empatía, la auto-regulación, la resiliencia, el respeto, la solidaridad, y la convivencia de una manera responsable, convencidos de que esto que acaba de pasar no afecta a once familias- nos afecta a todos como sociedad.

Tal vez esta tragedia sirva para que volvamos a poner en agenda la importancia de educar a nuestros hijos en base a los valores que nos representan.

(*) Autora, educadora y capacitadora. Es oradora TEDx y autora de Santillana, Bonum y Paidós entre otras editoriales.

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