El crecimiento sostenido de la economía argentina, por un lado, y la falta de inversiones, por el otro, han desencadenado una situación de déficit energético, que está afectando a la industria y potencialmente a los usuarios residenciales.
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En este contexto, y de la mano de una gran liquidez internacional, los fondos de «private equity» han invertido casi u$s 1.000 millones en el sector energético local durante los últimos 18 meses (superando a la inversión de operadores estratégicos que apenas es de más de u$s 100 millones).
Si bien los fondos han participado en toda la cadena energética,con excepción de la exploración y producción de hidrocarburos, se han concentrado en generación y distribución de electricidad donde han invertido 57% y 20% del total, respectivamente.
Claramente, los operadores estratégicos internacionales de servicios públicos, que habían entrado «en masa» durante los 90, han mantenido en los últimos tiempos una expectativa poco favorable para la Argentina. Esto los ha llevado a desprenderse de sus activos en el país, en algunos casos, tomando pérdidas.
Como contrapartida, han aparecido los fondos de « private equity» que son «tomadores de riesgo» por definición y que usualmente compran a precios de oportunidad.
Pieza clave
Dado que el sector energético es una pieza clave en la economía de cualquier país, y que en la Argentina actual la energía es un recurso escaso, es posible que estos fondos estén apostando a una regularización del sector «tarde o temprano», incluyendo un incremento sostenido de las tarifas.
El futuro dirá si esta importante inversión de los fondos en el país se traduce en ganancias significativas para sus inversores.
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