La reglamentación de la Ley de Inocencia Fiscal despeja una incógnita para la entrada de capitales: la seguridad jurídica. Mientras los depósitos en dólares baten récords y traccionan el crédito privado, el Banco Central enfrenta el desafío de sostener un balance que, por ahora, espeja la liquidez de los bancos.
Inocencia Fiscal y blanqueo: reactivación privada, fragilidad pública
La reglamentación de la Ley de Inocencia Fiscal despeja una incógnita para la entrada de capitales: la seguridad jurídica. Mientras los depósitos en dólares baten récords y traccionan el crédito privado, el Banco Central enfrenta el desafío de sostener un balance que, por ahora, espeja la liquidez de los bancos.
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La reglamentación de la Ley de Inocencia Fiscal (Ley 27.799), publicada el 9 de febrero de 2026, constituye un hito clave en el escenario macroeconómico. Actúa como el eslabón final que otorga previsibilidad jurídica a quienes ingresaron al Régimen de Regularización de Activos, vigente desde julio de 2024 hasta su cierre definitivo en mayo de 2025.
Más allá de ratificar lo ya declarado, la norma funciona como la garantía de estabilidad necesaria para que los fondos no se retiren. El objetivo central del Gobierno es lograr que el salto en el stock de depósitos que generó el blanqueo mute hacia un cambio permanente en los flujos financieros. La apuesta es que, al eliminar la incertidumbre legal, esa masa de divisas deje de ser un evento aislado y se transforme en una corriente constante de financiamiento para el sector privado.
La dinámica del blanqueo bajo la gestión de Javier Milei invita a una comparación directa con el Sinceramiento Fiscal de 2016. Si bien ambos procesos fueron de gran magnitud, el actual se caracterizó por una captación de efectivo mucho más acelerada: la velocidad de ingreso de los llamados “argendólares” superó los registros de la era Macri y, en corto tiempo, reconfiguró el mapa del sistema financiero local.
La velocidad de captación de efectivo bajo el Régimen de Regularización de Activos superó ampliamente los registros históricos, generando un shock de liquidez inédito en el sistema financiero local.
Del “colchón” al crédito
La inyección de depósitos privados en moneda extranjera, que cerraron 2025 en cerca de u$s37.000 millones, marcando un récord histórico, contribuyó a una recuperación del financiamiento corporativo en moneda dura.
Hasta 2023 y buena parte de 2024, el crédito en dólares se mantuvo limitado por regulaciones prudenciales y por la escasez de fondeo externo. Sin embargo, entre 2024 y 2025 esa tendencia comenzó a revertirse: los préstamos al sector privado en moneda extranjera volvieron a crecer, impulsados por una mayor disponibilidad de depósitos y por flexibilizaciones normativas que habilitaron financiamiento para empresas con ingresos en divisas.
Según ADEBA, el stock de préstamos en dólares al sector privado creció de manera notable durante 2024, con un aumento cercano al 188% en el año, llevando el total de créditos en esa moneda a su nivel más alto desde antes de 2020. Esta dinámica muestra un punto de inflexión respecto de la fase contractiva prevaleciente hasta mediados de 2024 y refleja la recomposición del canal crediticio en moneda dura.
La mayor disponibilidad de divisas parece haber alentado a empresas con actividades exportadoras o fuertemente orientadas al comercio exterior a acceder a financiamiento para capital de trabajo y otras necesidades operativas. No obstante, el estímulo crediticio todavía transita un proceso de normalización más que una plena liberalización, y la materialización de un crecimiento sostenido del crédito al sector productivo dependerá de la continuidad de depósitos líquidos, de reformas adicionales en las normas de fondeo y de la evolución de la actividad económica general.
Tras el inicio del Régimen de Regularización de Activos, la liquidez del sistema dinamizó el financiamiento corporativo, revirtiendo la tendencia contractiva.
La lupa en el Central
Este repunte del financiamiento es una buena noticia que, sin embargo, marca un contraste en el esquema actual. Mientras el sistema bancario canaliza la liquidez hacia sectores que generan sus propias divisas, el Banco Central enfrenta una realidad distinta en su balance. Aunque las reservas brutas crecieron y mejoraron la foto general de la liquidez, el grueso de esa mejora no pertenece a la autoridad monetaria ni surge de compras genuinas, sino que actúa como el reflejo contable de los depósitos del sector privado.
La relación es casi automática: cada dólar que ingresa al sistema bancario, ya sea por el blanqueo o por depósitos regulares, obliga a los bancos a integrar encajes en el BCRA. Esos encajes engrosan las reservas brutas, pero al mismo tiempo constituyen un pasivo del propio Central. En otras palabras, el organismo administra esos fondos, pero no son recursos propios.
Esta “contabilidad espejo” implica que el refuerzo del poder de fuego oficial depende, en gran medida, de la confianza de los depositantes. Mientras los dólares permanezcan en los bancos, se mantiene el nivel de las reservas; pero una salida acelerada de depósitos obligaría al BCRA a desarmar encajes o vender activos, reduciendo su capacidad de intervención en el mercado cambiario.
El desafío técnico, entonces, es transformar ese colchón transitorio en reservas genuinas y estables. De lo contrario, la aparente mejora del balance seguirá atada a la volatilidad de los flujos privados, limitando el margen de maniobra del Banco Central ante episodios de tensión cambiaria o financiera.
El robustecimiento de las reservas brutas descansa sobre el flujo de depósitos y encajes privados, subrayando la sensibilidad del balance oficial ante el ciclo económico.
La previsibilidad, el próximo desafío
Con la reglamentación en vigor, el desafío pasa de la simple atracción de dólares a su consolidación. El verdadero indicador de éxito ya no será el volumen de depósitos, sino la capacidad del Banco Central para blindar su balance con instrumentos propios y reglas prudenciales que transformen esa liquidez transitoria en solidez estructural.
Puesto que gran parte del fortalecimiento de las reservas responde hoy a encajes del sector privado, que permanecen sujetos a la evolución de las expectativas, la generación de recursos genuinos —basada tanto en el saldo comercial como en la inversión real— parece ser el requisito necesario para que el efecto del régimen decante en un crecimiento sostenido del crédito y no en un rebote efímero y contingente.
Licenciado en Economía por la Universidad Torcuato Di Tella y actualmente maestrando en la misma institución.






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