El discurso del presidente Kirchner con motivo de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso resultó demostrativo de sus convicciones y logros de gestión. No obstante, algunas apreciaciones merecen ser comentadas a los efectos de sincerar la realidad y contribuir al mejoramiento.
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Dijo el Presidente: «La economía argentina está transitando su 5º año consecutivo de crecimiento a un fuerte ritmo que ronda entre 8% y 9% anual, sin mostrar signos de desaceleración...».
La realidad es que el mundo crece a tasas extraordinarias. Un relevamiento señala que de 213 países sólo cinco tuvieron recesión en 2006 (Monserrat, Seychelles, Maldivas, Zimbabue y Líbano). Tres de esos países sufrieron un tsunami devastador, guerras civiles e invasiones externas. Otros 46 países tuvieron tasas positivas de entre 0% y 3%. Incluyendo en este segmento a los países más ricos del mundo donde los parámetros son diferentes. Un grupo de cien países crecieron a tasas importantes entre 3% y 6%, incluyendo en este renglón a casi todos los países africanos, la región más pobre del mundo creció en promedio 5% (Ruanda 5,8%, Tanzania 5,8%, Ghana 5,7%). El promedio mundial es 5,1%. Por último, un pelotón de nada menos que 62 países creció a «tasas chinas» superiores a 6%. Azerbaijan 32%, Mauritania 19%, Guinea Ecuatorial 18%, Angola 14%, China 10,5%, Mozambique 9,8%, Sudan 9,6%, Letonia 9,3%, Estonia 9,2%, Venezuela 8,8% y la Argentina 8,5%.
Estos números dejan bien claro que hay un componente internacional extraordinario que explica buena parte del crecimiento. En otras palabras, los méritos del crecimiento no son 100% patrimonio de la actual administración. Adjudicar al actual modelo económico todo el mérito del crecimiento es un error conceptual. El modelo económico no es empobrecedor, pero tampoco es un decálogo de recomendaciones santas e incuestionables.
Dijo Kirchner: «En 2006 se redujo la tasa de inflación respecto de lo ocurrido en 2005. El IPC registró un aumento de 9,8%; 2,5 puntos menos que lo ocurrido durante 2005. De esta manera, se logró quebrar la tendencia creciente observada durante 2004 y 2005, cuando el IPC exhibía año a año una duplicación de su tasa... En un país que crece, un país donde hay inversión, en un país que hay consumo, es natural que ciertas variables tengan determinada movilidad. Durante la década del 90 tuvimos deflación, pero teníamos 60% de pobreza».
El dato de inflación, suponiendo como cierto 9,8% de 2006 no es para alegrarse. De un relevamiento de 223 países, sólo 31 tienen una inflación más alta que la Argentina. Nuestro país comparte este podio inflacionario con Etiopía, Kenia, Nigeria, Burundi, Tonga, Botsuana. En América la tasa de inflación argentina sólo es superada por Costa Rica (12,1%) y Venezuela (15,4%). En ese ranking hay 191 países que tienen inflación más baja que la Argentina.
Es de notar que 9,8% se logró con dos características letales. Distorsión y dibujo. El índice de precios está distorsionado por controles, aprietes, retenciones, congelamientos tarifarios y otras medidas heterodoxas que el Presidente aseguró no abandonar.
El dato de pobreza es alentador. La pobreza se redujo de un máximo de 54% en 2003 a 31% en el primer semestre de 2006. No obstante, hay que destacar dos cuestiones. La pobreza surge como resultado del índice de precios. Indica la cantidad de personas y hogares cuyos ingresos no alcanzan una canasta básica de aproximadamente $ 860 en la actualidad. Ese valor está sesgado por los precios que releva el INDEC. Si estos precios están dibujados o reprimidos, el dato sobre pobreza es también dudoso. Es un tema estrictamente matemático.
Dato vital
Esto es fundamental. Si la inflación de 2006 no fue en rigor de verdad de 9,8%, sino mayor, entonces la pobreza no sería menor que 30% como estimó el Presidente. Este dato es vital para evaluar y justipreciar la bondad del actual modelo.
A la hora de evaluar la tasa de pobreza, es importante recurrir a la verdad histórica. Según el INDEC, la tasa de pobreza en 1989 alcanzó a 47,3% de las personas en el Gran Buenos Aires (GBA).
Al disminuir la tasa de inflación, cae hasta un piso de 16,1% en mayo de 1994. El punto más bajo de los años noventa. A partir de allí, y con el aumento del desempleo, la pobreza aumentó hasta alcanzar 27% en mayo de 1999. La agudización de la recesión llevó la pobreza a 35% en octubre de 2001. La pobreza se espiralizó con la devaluación de enero de 2002 alcanzando ese año un máximo de 54% de las personas del GBA.
No es cierto que la pobreza fue de 60% durante los años noventa. No hay evidencia estadística en ese sentido. La realidad indica que la devaluación generó 20% de pobres de un plumazo. La pobreza pasó de 35% a 54% entre octubre 2001 y octubre 2002 (ver gráfico adjunto).
Por último, tampoco es del todo cierto que «en un país que crece algunas variables deben tener cierta movilidad». China crece desde 1980 y sólo en cinco de los 26 años hubo tasas de inflación superiores a 10%. En el resto del período las tasas fueron muy bajas y hasta deflacionarias. El promedio de crecimiento es 9,7% anual, en tanto que el promedio inflacionario apenas llega a 6%. En los últimos diez años, China creció 135% en tanto que la inflación acumulada desde 1996 es de sólo 13%. Es posible crecimiento sin inflación.
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