La forma en la que elegimos lo que comemos ha cambiado para siempre. En los últimos años, la seguridad alimentaria dejó de ser una condición implícita que se daba por sentada para convertirse en una exigencia que se pregunta, se busca y se verifica. Es una transformación que, desde adentro de la industria, percibimos con total claridad.
La seguridad alimentaria como nuevo estándar en la industria
La creciente demanda de alimentos con requerimientos específicos, como los productos libres de gluten, está cambiando las reglas de juego: la seguridad ya no es un atributo diferencial, sino una condición básica de confianza.
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La creciente demanda de productos con requerimientos específicos, como los alimentos libres de gluten, generó una mayor atención sobre qué hay detrás de lo que se come: cómo se produce, dónde y bajo qué condiciones. Esta inquietud ya fue mucho más allá de un nicho.
Este movimiento responde a una evolución en la conciencia del consumidor y en la forma en que se concibe la alimentación. La creciente demanda de productos con requerimientos específicos, como los alimentos libres de gluten, generó una mayor atención sobre qué hay detrás de lo que se come: cómo se produce, dónde y bajo qué condiciones. Esta inquietud ya fue mucho más allá de un nicho.
En Argentina, se estima que 1 de cada 167 personas adultas convive con celiaquía, mientras que 8 de cada 10 aún no tienen un diagnóstico. Detrás de esos números hay familias que enfrentan cada día la incertidumbre de no saber qué pueden comer con seguridad. Para la industria, ese escenario no solo plantea desafíos en términos de acceso, sino que es una señal que eleva los estándares para todos.
A nivel global, los datos confirman esta visión. El informe Voice of the Consumer 2025 de PwC muestra que los consumidores prestan cada vez más atención a la seguridad, la calidad y la composición de los alimentos, y exigen mayor transparencia sobre su origen y sus procesos de producción. Hoy importa lo que producimos, pero importa igual -o más- cómo lo hacemos.
La seguridad alimentaria deja así de ser únicamente una exigencia regulatoria para convertirse en un factor de competitividad real. Ya no alcanza con cumplir: hay que poder demostrarlo.
Responder a este nuevo estándar implica un proceso sostenido de inversión y adaptación. Tecnología, infraestructura, control de la contaminación cruzada, trazabilidad y equipos altamente capacitados. Cada una de esas decisiones representa una inversión real y un cambio profundo en cómo se concibe la forma de producir alimentos.
Este fenómeno, además, trasciende al segmento sin TACC. La búsqueda de alimentos más seguros y confiables se extiende a todas las categorías, impulsada por un consumidor informado, que valora saber qué está comiendo y cómo llegó a su mesa.
La seguridad alimentaria ya no funciona como un atributo diferencial, sino como una condición básica de confianza. En una industria donde los consumidores son cada vez más conscientes e informados, sostener esa confianza es, hoy, el verdadero desafío.
Socio Gerente de Lasfor y Snuks



