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Parece evidente que la Argentina se encamina hacia un cambio de las estructuras económico-sociales que dieron vitalidad al modelo poshiperinflación de la década del '90. Advertir el rumbo estructural en las políticas de coyuntura es una tarea todavía difícil, cuando no audaz, pero es posible identificar algunos elementos de dicho cambio:
• La estabilización macroeconómica se apoya en el doble equilibrio externo y fiscal que permite, en un mundo globalizado, ganar autonomía para conducir una transición como la presente.
• La expansión monetaria, respaldada en el equilibrio antes citado, ha permitido aumentar los medios de pago acompañando las necesidades de la economía real, hacer descender la tasa de interés y pesificar las transacciones sin impactar negativamente en el nivel de precios. En tanto la emisión de pesos se sustente en la oferta de divisas del superávit externo y no se destine a financiar déficits del sector público, la perspectiva que los medios de pago acompañen el nivel de actividad, sin presiones inflacionarias, es un horizonte de largo plazo.
• El aumento de los medios de pago y el ahorro en pesos plantean una situación inédita en las últimas tres décadas: ausencia de renta financiera con elevada monetización general de la economía. La tasa de interés no es un precio para mantener activos en pesos.
• La política de negociación de la deuda pública externa en «default», apunta a reducir la principal restricción que pesa sobre el Estado argentino desde la crisis de 1981. Durante más de dos décadas, el stock de deuda pública en moneda extranjera fue el principal condicionante para asignar excedente económico que tuvo el sector público. Factor de puja distributiva entre el poder económico, de recurrentes desequilibrios para un Estado que recauda en moneda local y debe pagar en moneda extranjera, este stock se exteriorizó en «dolarazos» hiperinflacionarios en los '80, en las características de desguace y no de modernización que asumió el proceso privatizador en los primeros años de la década del '90 y finalmente en un nuevo ciclo de endeudamiento tras el cierre del Plan Brady en 1992.
• Un tipo de cambio real estable y elevado respecto de los precios internos para apuntalar ventajas comparativas naturales y crear condiciones para un nuevo escenario productivo.
• Las señales de búsqueda de una mejor calidad de las instituciones, reflejada en la designación de los miembros de la Corte Suprema, o en la imagen pública del Gabinete de Ministros.
• Los intentos más definidos para superar la crisis de representación política, resquebrajando al sistema tradicional de partidos, que esencialmente aportó legalidad institucional a las reformas de mercado de los '90, para sustituirlo por nuevas formas de representación menos clientelares y más participativas desde las ideas.