El periodista dialoga con un experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, quien duda de la efectividad de una nueva baja de tasas por parte de la Fed si la medida, antes de aplicarse, hizo aumentar los precios de combustibles y alimentos. Y advierte que se está tensando la cuerda de las expectativas de inflación.
Periodista: Contra viento y marea, la Fed se empeña en mantener el rumbo. Nada de lo que dijo Bernanke en el Congreso desalienta la expectativa de un nuevo recorte de tasas a mediados de marzo...
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Gordon Gekko: Esa es la intención. Pero el contexto adverso es más complejo que lo que Bernanke admitió. A la par, con la difusión del testimonio del chairman, todo el espectro de materias primas remontó vuelo hacia nuevas alturas. Es un recordatorio de que la política monetaria está desafiando los límites de la credibilidad...
P.: ¿Piensa que la Fed puede cambiar de opinión de acá a la próxima reunión?
G.G.: Después de escuchar a Donald Kohn (el gobernador más experimentado) y al propio Bernanke, en dos oportunidades, no tengo dudas de que la Fed tiene en mente persistir con una nueva reducción. Pero me pregunto: ¿cuán efectiva será para estimular la economía si, antes de aplicarse, ya dispara un aumento sensible en los precios de la gasolina y los alimentos? ¿Cuál será el saldo neto en términos de poder de compra? Si no es la demanda de China e India lo que impulsa el tramo más reciente de la suba de los commodities; si es la anticipación de la postura que tomará la Fed, no estaría mal revisar la estrategia...
P.: ¿Ocurrirá en las próximas tres semanas?
G.G.: Creo que será tema de fuerte discusión en el seno del Comité de Mercado Abierto. Presidentes de distrito, como Fisher de Dallas, Plosser de Filadelfia o Poole de Saint Louis, ya han manifestado una postura crítica. No sería extraño que Hoenig de Kansas City o Lacker de Richmond compartan la idea. Además de voz, Fisher y Plosser, le recuerdo, cuentan con derecho a voto durante la presente rotación.
P.: La mayoría, sin embargo, debería inclinarse por lo que sugiera Bernanke...
G.G.: No lo discuto. Pero es una cuestión objetiva. No personal. Inclusive, Fred Mishkin, que como gobernador es más difícil que rompa lanzas públicamente, ha estado machacando el asunto. El principal activo de la Fed en esta coyuntura es el anclaje de las expectativas de inflación. Se sabía que la inflación estaba por encima de la meta, pero eso no es obstáculo para intervenir agresivamente, como se hizo, a menos que las expectativas se corran al alza. Y pienso que ésa es la cuerda que se está tensando...
P.: Esa sí es una apreciación muy personal...
G.G.: Basada en amplia evidencia a la vista. Es objetivo que la inflación aumentó. No importa cómo corte el pastel. Las porciones son más grandes. La inflación medida doce meses hacia atrás crecía a un ritmo inferior que en los últimos seis meses y está por debajo que en el trimestre a enero. Y, como bien dijo Bernanke, las fuentes de la presión residen en el comportamiento de los precios de los commodities. Sabemos, en forma fehaciente, pues, que las presiones, lejos de aminorar, se están acrecentando.
P.: La inflación opera en alza. Pero las expectativas de inflación, ¿se están resquebrajando?
G.G.: Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y hay pruebas de que se astilló. La demanda por cobertura se multiplicó. La efervescencia por los commodities se acelera a pesar de los signos de recesión en EE.UU. El dólar se hunde. Y el punto de equilibrio entre las tasas de interés nominales y reales (en el tenor de los cinco años) se disparó medio punto en dos semanas. Es imposible no percibir el sismo...
P.: Con todo, quizás la Fed quiera resolver primero la amenaza de la recesión y más tarde abocarse a disciplinar los precios...
G.G.: Eso es lo que escribe en las minutas. Un enfoque de dos velocidades. Con el petróleo a 70 dólares, con la inflación núcleo estable, era la receta ideal. Pero no ha sido así. Y la dinámica adversa no da señales de moderarse.
P.: Si la política monetaria gira en los talones, la recesión es un hecho impostergable.
G.G.: Lo sé. Pero es que la coyuntura cambió en forma desfavorable. El menú de alternativas está hoy más acotado. Dentro de poco, si no se controla el problema de las expectativas, la receta anterior tampoco estará disponible. De nada serviría promover una baja de las tasas de corto plazo si como consecuencia se disparan las tasas largas. No sólo la política monetaria perdería efectividad. Recuerde que el paquete fiscal de estímulo (y la misma recesión) va a ensanchar la brecha de financiamiento de la Tesorería. Si el truco fiscal funciona, es porque los bonos del Tesoro -en momentos de dificultad- son el refugio frente a la incertidumbre. Usted necesita un marco de confianza para acomodar una mayor oferta de deuda pública sin erizar las tasas de largo plazo.
P.: De ser así, la Fed debería patear el tablero y cruzarse de brazos. Esperar que los commodities -como proxy de las presiones de inflación- acusen el golpe, y recobrar la fe en la estabilidad...
G.G.: La Fed debería virar hacia una política de asegurar más liquidez a los intermediarios de crédito. Expandir la magnitud del programa TAF que hoy sostiene 60 mil millones de dólares en activos inmovilizados en las carteras de los bancos. Entiendo que el Tesoro y el Congreso quedarían expuestos -máxime en un año electoral, en el que, por lo visto, todo resultado es posible- a tomar un rol más destacado. Comenzando en el frente inmobiliario. Ya Chris Dodd -el titular de la Comisión de Banca y Vivienda del Senado- ha abogado por una refinanciación de hipotecas con afectación a fondos públicos...
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