(No es común que alguien con experiencia íntima con la política haga una radiografía de ese universo. Mostró algo de eso Teresa González Fernández, empresaria y ex esposa del gobernador Felipe Solá. Se franqueó en diálogo con Ernesto Tenembaum por radio «Mitre»).
P.: ¿Veía con simpatía que Solá aspire a una reelección?
T.G.F.: No es que vea con simpatía, desde afuera se veía que es diferente de Rovira o de Fellner, al margen de que me pueda parecer bien o no. Fellner iba para su tercer mandato, Felipe recién tenía un mandato y medio. Como gobernador uno, y como reemplazante, medio.
P.: ¿El tenía ganas de eso?
T.G.F.: No solamente Felipe, sino todo el equipo que venía haciendo un muy buen trabajo. A Felipe lo apoyaban las cámaras empresariales, la gente. Si vos ibas a los pueblos te lo decían. Tenía más de 40% de voto positivo y los demás candidatos no llegan a 8 o a 5.
P.: ¿Un político sin poder, se deprime?
T.G.F.: Muchas veces se deprimen con poder. ( Risas.) Cuando se quiebran a veces las estructuras que te sostienen, los lugares de pertenencia, las redes de contención, te podés llegar a sentir solito, ¿no?
P.: ¿Felipe se quedó solo?
T.G.F.: Fijate quién le hacía a Felipe la contra: la oposición y el PJ. Pero la gente, las estructuras sociales, las cámaras empresariales, las universidades o las fuerzas vivas, como se llamaban antes, no salían a rasgarse las vestiduras.
P.: ¿Por qué decía que a veces se deprimen con poder?
T.G.F.: El poder es un afrodisíaco, es una responsabilidad, es un arma que vos la podés usar para transformar, para dominar, para autoflagelarte. No es fácil tener el poder. Ser el elegido no es fácil. No es «Ay, qué bueno, me saqué la lotería, soy el elegido».
P.: Cuando están ahí arriba debe ser difícil pensar en el vacío que significa bajar, ¿no?
T.G.F.: Además, cuando estás arriba te das cuenta de que no podés hacer todo lo que querés. Que tenés que conciliar, consensuar, que tenés no sólo que tragarte sapos, sino hacerles ver a los demás que se hace lo que se puede, y siempre vas a quedar en deuda. Jamás salís con el reconocimiento a pesar de que hayas puesto el pellejo, el alma, las vísceras, todo.
P.: ¿Cómo es eso de que poder es un afrodisíaco ¿Qué es eso?
T.G.F.: Bueno, si tengo que explicarte todo de cero, sonamos...
P.: Explíquelo desde 10, entonces...
T.G.F.: Lo que pasa es que el poder es fuerte. A veces te marea, te confunde, te hace sentir más de lo que sos. La vanidad y el poder juntos son terribles.
P.: Usted que conoce el poder, ¿vio cosas que la sorprendieron en cuanto a actitudes locas o que antes no eran pensables en alguien?
T.G.F.: Totalmente. No en el caso de Felipe, de otros hablo.
P.: No va a hablar de Felipe.
T.G.F.: Mirá, yo te voy a decir una cosa. A mí, el negro Díaz Bancalari me cae muy bien, lo quiero mucho, lo conozco de toda la vida y todo. Pero, ¿viste?, es como para decirle: «Pará Negro, ¿qué te pasa?» El que lo apoyó a Kirchner fue Felipe y no vos. Vos estabas en la contra. O sea que mansito, querido, mansito. Entonces vos decís: alguien le da aire atrás al Mono. ¿O no?
P.: ¿El Presidente?
T.G.F.: No sé, pero digo, no es fácil. Es como para decirle «Mirá Mono», o cualquiera ¿no? «pará, acá vos no apoyaste, apoyé yo, entonces cuadrate conmigo también, no solamente con el Presidente. El que puso la cara por el Presidente fui yo, no vos y está bien». Cada uno aporta y después hay que acompañar al que gobierna. Lo que vos quieras, pero eso es retórica, después en los hechos, ¿ viste?, quiero verte.
P.: ¿Le puedo hacer una pregunta como si estuviéramos tomando un café en un bar tranquilos?
T.G.F.: No sé si te la respondo, pero ¿por qué no me la hacés a solas tomando un café y no por radio?
P.: Porque es más divertido por radio.
T.G.F.: Sí, para vos.
P.: ¿Cómo le cae Cristina?
T.G.F.: Me cae bien, y me parece que ahora está más que prudente. No sale a ningún lado. Yo no la veo a Cristina, ni a Néstor, hace tiempo. Me los he cruzado, no me acuerdo cuándo ya...
P.: ¿Su estilo no es un poco arrogante?
T.G.F.: Puede ser, puede ser, pero las mujeres en el poder es un tema también. Cristina se ha mantenido como un soldado de la causa de Néstor y también aparece y desaparece, y pega y no pega cuando tiene que hacerlo, ¿no?
P.: A veces pareciera que él no le tiene mucha confianza a ella...
T.G.F.: Esa sí que no la creo...
P.: ¿Chiche cómo le cae?
T.G.F.: Bueno, ¿te gustó tomar un café conmigo? Querido, si me vas a preguntar cosas que no te voy a contestar, no sigo... ( Risas.)
P.: ¿La política es una porquería como parece de afuera o tiene matices?
T.G.F.: Yo no estuve enamorada de un político. Estuve enamorada de un hombre que después se metió en política. Hago la diferencia porque yo no lo agarré a Felipe con poder. Hicimos juntos la vida en común. Por eso yo no lo critico a Felipe. Es mi historia también. Y la política, como cualquier otra cosa en la vida, tiene tanto de maldad, de barro y de todo. Como cualquier otra área, los medios periodísticos, las empresas. La política es una punta del iceberg que representa a la sociedad.
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