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Comprensible es, pues, que la primera preocupación de dicho presidente haya sido -en los primeros pasos de su gobierno-intentar construir alguna suerte de sustento tomando medidas y asumiendo actitudes agresivas y contestatarias que no dejaran lugar a dudas de que era una persona con una fuerte personalidad, un estilo propio, dispuesta a ejercer el poder desafiando -inclusive-la estructura de su propio partido político. Y, en realidad, este propósito fue cumplido y llegó a obtener en pocos meses un consenso de popularidad cercano a 75%, promoviendo, a su vez, la reedición del concepto «movimientista» del peronismo, bajo una nueva denominación: la «transversalidad».
El bombardeo de informaciones que recibimos -muchas de ellas relevantes, pero otras totalmente distractivas y efímeras-hace que sea fácil confundirse y colocar las energías en ámbitos, conflictos y aspectos que no son los fundamentales para conseguir la meta perseguida.
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