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Las playas de Copacabana, un campamento para millones de fieles

"Es la primera vez que vengo a Río, estoy muy contento de ver al Papa y también ver el mar por primera vez. Lo que está sucediendo es maravilloso, es la obra de Dios", dijo el argentino Marcelo Zelobia, de 33 años.
"Hemos pasado por muchas dificultades, muchos sacrificios, pero merece la pena. Quien nos permitió cruzar el Océano Atlántico fue Dios", dijo por su parte el angoleño Manoel Marcolino, de 32 años.
Copacabana no contaba con las instalaciones levantadas en Guaratiba, por lo que hubo muchas quejas entre los peregrinos en relación con las filas en los baños, donde algunas personas dijeron que pasaron más de dos horas, y también el frío, que hizo que muchos creyentes abandonan la idea de pasar la noche en la playa.
Para Vanessa Aparecida, de 25 años, las dificultades son parte de la manifestación de la fe en una vigilia. "El frío está siendo lo más difícil, pero todo es un reto. Al joven que es católico de verdad le gusta el desafío, lo necesita", dijo.
Las amigas Terezinha de Jesús, de 51 años, y Maria das Graças, de 61 años, de São Paulo, hicieron el sábado la tradicional peregrinación a pie de la JMJ, en este caso un recorrido de casi diez kilómetros desde el centro de Río de Janeiro hasta la playa.
"Fue agotador, pero valió la pena. Conocimos Copacabana", dijo Das Graças. Para ella, dormir en la acera en un saco de dormir no fue la parte más difícil de la vigilia. Das Graças "dormía bien, parecía que estaba en casa", bromeó De Jesus.
Lo más duro, según ellas, fue la fatiga de caminar el sábado y la escasez de aseos durante el recorrido.
"Hay una gran cantidad de personas y la alcaldía no pudo hacer frente a eso. Se les escapó de las manos", lamentó De Jesus.
A las cinco de la mañana, un grupo de peregrinos de Cruzeiro, en São Paulo, había empezado a doblar las mantas y levantar el campamento para prepararse para la misa final. "La iglesia está en comunión aquí hoy, todos estamos unidos", dijo Daniel Goulart, de 23 años.
Por la mañana el ambiente de campamento había desaparecido de Copacabana y tres millones de personas, según los organizadores, estaban en pie para recibir al Papa.



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