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Tapia: "La Mississippi siempre cumplió todo lo que se propuso"
A punto de celebrar los 30 años de banda con su primer Luna Park, el cantante repasa las tres décadas de vida de un grupo clave del rock nacional.

P.: Se desprende de tus palabras que están detrás de cada uno de los detalles ¿no les gusta delegar?
R.T.: Nosotros somos una escuela mafiosa (risas). Hacemos todo nosotros. Somos managers, si necesitamos hacer una fecha en Córdoba o en España, se habla conmigo o con el "Negro" Tordó. Tenemos una oficina muy activa, con contactos por todas partes, y ya la gente sabe que tiene que hablar con nosotros. Yo sé separar el tipo que cuenta la plata del que toca la guitarra, nunca los junto; el tipo que hace negocios es uno y el que toca es otra parte mía que se deslinda. No es imposible.
P.: ¿Cuánto te aporta para eso conocer el mundo de la música?
R.T.: Primero me ayudó ser perito mercantil, y también haber trabajado mucho en otras cosas; que la música no sea mi única experiencia de trabajo. Tomo la música como lo que es: una ocupación, un trabajo. Tomarla con la seriedad que le corresponde. Tenés que pensarlo así, sino, directamente, lo tenés que usar como hobby y no hacerte problema. La música puede ser algo pasatista o puede ser tu vida misma. En nuestro caso es nuestra vida. Yo hago otras cosas, pero a esto le pongo el 100%, es parte de mi forma de vivir y mi forma de ser. Esta es mi descripción del mundo.
P.: Ese es el mensaje que baja "Reserva especial"
R.T.: Claro, es sobre seguir la ruta. Con el tiempo la ruta se va siendo tu amiga. La música negra te permite tocarla siendo gordo, pelado, chicato. Es una música del alma, no de la estética. Con tal de estar perfumado y bien vestido podés tocar música negra hasta tu último día. Son músicas reales
P.: Dijiste que La Mississippi es exitosa porque ustedes siempre pudieron hacer lo que quisieron ¿cuánto juega el factor masividad?
R.T.: Una cosa es la masividad y otra cosa es sentir que lo que hacés te gusta; eso ya es un éxito. La masividad es un número que podés controlar y saber, pero no siempre implica éxito. Hay gente que vive en la masividad pero se matan entre ellos. Que saben que la relación entre ellos no es exitosa. Pasó en Los Redondos, por ejemplo, que eran masivos pero se mataban. A veces las dos cosas se juntan, a veces no. El éxito es una forma de sentirte con lo que hacés. Tengo 30 años de banda sin haberme arrepentido de ninguno de ellos, y eso que pasé por situaciones muy complicadas. Sin embargo lo pude hacer. Es cuestión de encontrar la vuelta. Cuando un grupo se plantea el por qué quiere hacer las cosas, es porque está funcionando. A veces vienen amigos y me dicen "hicimos un disco nuevo" y les pregunto "¿para qué? ¿Te preguntase para que lo hiciste?". Con la cantidad de música que hay dando vueltas creer que lo que uno hace es exclusivo es un error fatal si realmente no trabajás en esa exclusividad. Nunca haría un disco por el hecho de hacerlo. Las cosas te tienen que venir a buscar.
P.: El blues nace como una música de lamento y luego fue mutando, incluyendo hasta ciertos aspectos picarescos ¿todavía crees que hay lugar para el factor social en el género?
R.T.: Originalmente el blues fue una música de gente sufrida pero que no quería cambiar nada. No era revolucionaria, era una descripción de la realidad. Era menos llorona que el tango, ahí no había una resolución picaresca. En ese sentido, se parece más a las zambas o la chacarera. El blues te repite dos veces una cosa para decirte el remate. Es un folclore; todos esos folclores fueron mutando hasta hacer la música que escuchamos nosotros. La gente no sabe que el rock and roll no existiría si no fuera porque Muddy Waters un día se fue del campo y puso en equipo eléctrico para tocar en Chicago después de la guerra. Me parece que hay espacio para contar siempre historias personales en el blues e historias sociales. B.B. King me dijo, una vez charlando con él, que si tenés un trabajo en el que te va mal, si tu coche se para a mitad de camino, si tenés una esposa con la que te peleás o a la que amás, tenés el blues. Es una forma de racismo absurdo decir que una persona blanca no puede hacer blues. A todos nos pasa lo mismo, y todos podemos cantarlo de distinta manera.
P.: La Mississippi hizo una versión de "Nocturno a mi barrio", el clásico de Troilo ¿por qué eligieron ese tema?
R.T.: Nunca pensamos grabarlo, fue una casualidad. Eso lo grabó Gustavo Gauvry. Habíamos salido de la pileta del estudio Del Cielito y estábamos hablando del estilo de tango que nos gusta. Yo dije "qué lindo hacer 'Nocturno a mi barri'o". Empezamos a tocarlo, Gustavo puso record y quedó. Esa grabación tuvo un video de Darío Arcella, que agarró imágenes antiguas de La Boca y le puso la versión encima. Lo hizo para el Archivo General de la Nación. Ese video con esa música ganó un premio en Cuba, Casa de las Américas. A veces las cosas salen.
P.: Hablaste de B.B. King, uno de los tantos íconos del blues que murió, ¿qué amigos que ya no están te hubiera gustado ver en este Luna Park?
R.T.: Sería lindo que estén Adrián Otero y Pappo. Adrián era un gran enterteiner, yo le decía que era el Alberto Castillo del blues. Tenía esa picardía, te podía cantar para un colegio de chicos de jardín y a los cinco minutos hacer el mismo show en un club de jubilados. No hay ningún artista como él. Para mí era único. Tenía una capacidad de artista de barrio, de contador de chistes, de todo; eso ya no se ve, era experiencia de vida. Era muy sensible, tenía una cosa muy particular. Teníamos una linda amistad donde hablabámos de literatura, de libros, teníamos muchas charlas. Me dio mucha tristeza, fue un golpe duro porque se murió con proyectos. Pappo también, pero se murió en su ley, arriba de su moto. Nadie se lo imaginaba viejo al Carpo. Un día lo dijo: "Me la voy a dar contra una pared". Con Adrián habíamos hablado días antes, me había hecho escuchar su versión de "Café Madrid". Éramos un movimiento, sino hubiéramos sido un movimiento acá no habría habido la explosión del blues que existió. Eso fue importante.
P.: ¿De qué se trata la muestra itinerante de fotos y cartelería que están haciendo como previa al show?
R.T.: Surgió porque teníamos un montón de material que nos gustaba. Con mi hijo armamos todos los pósters; había cosas que tenía el negro Tordó y otras mías. Había muchas cosas interesantísimas, como la primera lista de temas que hicimos, tapas originales, dibujos que hice y que hicieron otros dibujantes, sesiones de fotos inéditas. Dijimos vamos a mostrar todo esto y llenamos La Trastienda de arriba abajo con eso. Estuvo bueno haber podido armar eso en función a que la gente lo disfrutara. Que supiera que era parte de la historia y de ellos también; había mucha gente que se encontraba en fotos cuando era joven. La verdad es que fue genial, me gustó mucho. Me divirtió ver el pasado, no me pone mal eso. Para mí el pasado es como el día de hoy, somos las mismas personas.
P.: ¿Podés elegir un momento de La Mississippi en estos 30 años de carrera?
R.T.: Si tengo que elegir, me quedo con el primer Obras que hicimos. Fue un primer paso, algo muy importante. Comprobamos que había una cantidad de público que le gustaba lo que hacíamos y que quería estar ahí con nosotros. No sé si entonces tenía la noción de eso, cuando pasa el tiempo uno se va dando cuenta del esfuerzo y la confianza de la gente en lo que hacés. La gente tiene una confianza muy particular en lo que hacemos; le gustan nuestras canciones sin haberlas escuchado. Saben que el disco les va a gustar, es un acto fe. Siempre trabajamos con una estructura pequeña, a excepción de este Luna Park, y siempre funcionó bien. Si hubiéramos trabajado con una estructura inmensa hubiera sido tremendo. Igual, yo no sé si lo hubiera podido manejar eso. Uno también se ve a si mismo reflejado en sus actos, la medida de lo que hiciste es la medida de la persona que sos. Una vez el Spinetta dijo una cosa que es verdad: "Hay que ser casi famoso en Argentina, porque si te va muy bien, te destruyen". Una cosa genial.
P.: De aquellos pibes de Florencio Varela que se juntaban a zapar a finales de los 80's a esta actualidad, ¿qué cambios ves en la escena musical?
R.T.: Yo rescato del antes el no saber todo; poder imaginar algunas cosas. El mundo está basado en el misterio. El hecho de estar expuesto a todo es un acto antinatural, hay gente que no se debería conocer entre sí. Sin embargo estamos forzando a que el mundo sea una cosa global. La idea de globalidad no tiene por qué involucrar la idea de intrusión constante, ya de por sí somos un planeta global. Rescato de los 80's que sabíamos quién era el enemigo, sabíamos quién estaba del otro lado de la cultura y de nuestra forma de pensar. Ahora hay una mezcla de todo esto, eso es un problema. No saber quién está apuntando es una cosa como cazar en la oscuridad. Hoy es un mundo mucho más aburrido. Rescato de los inicios que uno luchaba por ciertas cosas y obtenía resultados. No voy a dejar de ser la persona que soy porque el mundo cambie.
P.: Para terminar, ¿con qué se va a encontrar el público en el Luna Park?
R.T.: Va a ser un momento muy importante. Me alegra que las expectativas son buenas, hay interés de la gente y la venta de entradas lo demuestra. Si teníamos 100 entradas anticipadas estábamos en un problema. Va funcionando bien y va a ser un lindo Luna Park. La paciencia lo es todo en la música, sobretodo en la Argentina. Acá hay un "no" establecido para todo, algo que nunca entendí. Yo siempre hice al revés y me di cuenta que me funcionó. Nunca digo no a una cosa, trato de ver si funciona.


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