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21 de mayo 2003 - 00:00

2 por lo que saben y 4 por lo que desconocen

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Tal entonces la sorpresa (palabra que el mismo Néstor Kirchner utilizó dos días antes del anuncio), en las funciones más que en los nombres, por las nominaciones de Rafael Bielsa en Cancillería, Aníbal Fernández en Interior, Gustavo Béliz en Justicia y José Pampuro en Defensa. Aunque los nombres se conocían como de colaboradores, pocos imaginaban el destino que finalmente les correspondió. Ingresan en los cursos de lectura veloz para entender en forma acelerada la materia que les tocó. Es conocido que tanto Béliz como Bielsa se habían interiorizado en cuestiones de la ciudad porteña como posibles candidatos a intendentes, mientras que a la vera de Kirchner trabajaban uno en programas de gobierno y, el otro, en Justicia. A su vez, a Fernández, que venía de Producción, se lo sospechaba para Trabajo por su relación con los piqueteros, mientras Pampuro, que se sepa, sólo disponía versación para estar cerca de Eduardo Duhalde y entender cuestiones de obras sociales.

Ubicar a un médico para dirigir a los militares, sin demasiados antecedentes para distinguir a un general de división de otro de brigada (por no hablar de partidas, presupuesto o estrategia), constituye por lo menos un desafío. Casi influencia de Lula, si se quiere, quien ubicó a un médico como ministro de Economía. Más bien, Pampuro estaba para el Hospital Militar. También extraña el desenlace con Bielsa, quien de la Justicia, la Procuración o la Corte (es experto jurídico en recursos a este poder) podía también pasar a la literatura o a la poesía (debe ser el ministro con más libros escritos) por cargarse con la densa memoria del testamento de Proust. Pero difícilmente se lo ubicaba en Relaciones Exteriores. Tal vez el presidente electo decidió por alguien extraño a «la casa» (burocracia diplomática), a los convencionalismos de ese rubro o a otro más ad hoc que viniera con llave en mano.



Tal vez este cuadro haya que observarlo desde otra perspectiva. Más por los acuerdos, necesarios e imprescindibles para quien no cuenta con ahorros propios. Incluir a Filmus (quien era segundo de Aníbal Ibarra para la próxima elección) más Bielsa y Béliz, amputándoles su ambición por la Jefatura de Gobierno capitalino, supone un entendimiento político con el actual líder porteño: asociación tácita por una incorporación y la eliminación cierta de un dúo rival para los próximos comicios. Algo semejante ocurre con Duhalde: 5 hombres de su cercanía, aunque no todos propios, llegan en el nuevo equipo (Fernández, Lavagna, Pampuro, Ginés González García y Tomada, ex segundo de Alfredo Atanasof). Habrá que esperar a las designaciones en las segundas líneas para confirmar el acerto de los pactos.

El resto lo ha consagrado Kirchner a la confianza, patagónica y personal, a su entorno de hierro: del Sur, Julio de Vido en Infraestructura (área en la que Kirchner sueña como un proyecto individual de características keynesianas); el disciplinado legislador Sergio Acevedo en la SIDE, de breve mandato por dos o tres meses, ya que lo sucederá en la gobernación de Santa Cruz; su hermana Alicia Kirchner en Desarrollo Social; y el neuquino Oscar Parrilli en la Secretaría General, con quien se ha vinculado en el PJ desde principios de los '90. Ultimo queda un porteño como jefe de Gabinete, Alberto Fernández, casi su sombra desde hace unos años, con quien más dialoga de política y el que dispone de la preferencia de alguien clave como la futura primera dama, la senadora Cristina Fernández.

Con esto empieza su gobierno el domingo, un gabinete que otros excluidos entienden como de transición. No debe ser la idea del mandatario, pero hay por delante 6 meses de elecciones en todo el país, un nuevo Congreso y la seguridad de que se producirán muchos cambios. También una multitud de provincias que ahora no han sido consultadas. Si esto ocurre, a ese juicio tal vez no le falte razón.

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