Los absurdos de la guerra resaltan con el tiempo. Los militares que lanzaron la ocupación de Malvinas en 1982 tuvieron a la mano, los meses previos al desembarco del 2 de abril, lo que pedía entonces y pide aún hoy el país: discutir la soberanía con Londres. Damos con la edición de hoy la última entrega de la serie "Malvinas: la decisión", elaborada por el periodista Juan B. Yofre con testimonios hasta hoy desconocidos y que revelan las razones de la decisión del gobierno militar de avanzar en la guerra desoyendo advertencias de que era imposible un final positivo. El informe de hoy relata cómo en febrero de 1982 los diplomáticos argentinos habían logrado en Nueva York que Gran Bretaña aceptase realizar reuniones periódicas para discutir la soberanía de las Malvinas. El canciller Nicanor Costa Méndez les respondió que era un logro vano porque "los muchachos" (los comandantes) estaban lanzados. Ya habían decidido la ocupación de las islas por la fuerza, pensando más en sus intereses políticos que en los del país. Hoy se cumplen 25 años de la ocupación de Puerto Argentino por las fuerzas argentinas, que fue el comienzo de una tragedia pero que peleó todo el país, que no ha olvidado ni la reivindicación ni el heroísmo de quienes estuvieron en el frente.
Los soldados argentinos dispuestos para enfrentar a los ingleses. Primero saludando a la
Bandera en los primeros días del desembarco en abril de 1982. Espera con ametralladora un
posible ataque inglés.
Con reclamos explícitos de soberanía sobre Malvinasy un llamado al diálogo a Gran Bretaña, el gobierno recordará los 25 años del desembarco, el 2 de abril de 1982, en Puerto Argentino, que desató la única guerra que la Argentina protagonizó en el belicoso siglo XX.
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Con medias palabras, los voceros oficiales jugaban anoche con la sorpresa y eludían confirmar lo que parece obvio: si en Ushuaia perdura la calma política, que se contagió al clima, que regaló una noche límpida y despejada, Néstor Kirchner encabezará la ceremonia.
La amenaza de una jornada tormentosa por los reclamos callejeros de empleados estatales de Tierra del Fuego forzó al Presidente a cancelar el viaje a principios de semana. El previsible argumento oficial fue que no asistiría por problemas «de agenda».
Paz garantizada
Pero ahora la «paz» requerida estaría garantizada. Este diario lo contó el viernes: una gestión de veteranos ante jefes de los gremios que tironean por aumentos salariales desactivó, en teoría, el riesgo de que en el acto oficial retumben incómodas protestas en la cara de Kirchner.
Es una postal que el patagónico siempre quiere evitar y anoche parecía improbable. «Está todo listo para que venga», dijo Osvaldo Hillar, presidente de la Asociación de Veteranos fueguinos, quien «negoció» con los sindicatos para que no enturbien el acto.
Asimismo, desde mediados de semana, se observó en Ushuaia el habitual despliegue de logística que precede las visitas de Kirchner: personal de la Secretaría de Inteligencia (SI), custodia, ceremonial, vocería y delegados de la Secretaría General de Oscar Parrilli.
En ese zigzag hubo, ayer, un episodio confuso: la ministra de Defensa, Nilda Garré, confirmó con un escueto «sí» que el Presidente asistiría al acto, pero luego un despacho de la agencia oficial «Télam» insistió con la versión de que la máxima autoridad presente sería Daniel Scioli.
Comitiva
Anoche, por lo pronto, el vicepresidente y candidato viajó al Sur al igual que el canciller, Jorge Taiana, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, que lo hicieron en el Tango 02. Kirchner y su esposa, la senadora Cristina Fernández, están desde el sábado en la villa El Calafate.
El Presidente partiría desde allí, hoy por la mañana, hacia Ushuaia para encabezar la ceremonia de la que también participarán Garré, el gobernador Hugo Cóccaro, Daniel Gallo, Roxaña Bertone y, entre otros, Jorge Argüello, del Observatorio Malvinas. Con un rasgo de duda respecto de si Kirchner participaría o no, sí trascendieron ayer que los ejes del planteo oficial serán dos:
Reiterar, a 25 años de iniciado el conflicto que se extendió por 74 días y en el que murieron casi 700 argentinos -la mayoría conscriptos-, el reclamo argentino respecto de la soberanía sobre las islas Malvinas, aspecto que se expresó antes y tras el conflicto armado, que durmió bajo un paraguas negociador en la segunda parte de los años 90 y que, a pesar de los reiterados planteos, la administración Kirchner -como no lo hicieron Alfonsín, ni Menem, ni De la Rúa- logró sentar a la mesa al gobierno británico. El panorama en Londres no varía: Tony Blair ratificó la posición de no poner en discusión el aspecto soberanía.
Sin embargo, luego de la decisión unilateral de cancelar el acuerdo sobre explotación supuestamente compartida en materia de hidrocarburos, lo que generó una airada reacción de Inglaterra, el gobierno -a través de Kirchner o, en su defecto, de Scioli- hará un llamado al diálogo bilateral para abordar, justamente, el tema soberanía.
Esos planteos sonarán en una ceremonia cívica y militar que se espera conmocionante, que llega precedida de actividades durante toda la semana y, sobre todo, de una vigilia frente al mar en Río Grande -donde estuvieron Taiana y Fernández- y Ushuaia.
La actividad oficial está prevista para las 11 en la Plaza Islas Malvinas, de Ushuaia. Habrá suelta de palomas, desfiles de veteranos y una demostración de aviones que arrojarán flores al mar. Apenas a 700 kilómetros de Puerto Argentino, 25 años después.
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