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29 de agosto 2008 - 00:00

Alta en el cielo

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Sorprende ver colas frente al Museo Nacional de Bellas Artes, en la avenida Del Libertador, de gente ansiosa por deleitarse con una muestra del cubismo. Pero si uno eleva la mirada del bello edificio, podrá conmoverse con otro costado de esta Argentina impiadosa con sus símbolos, con la falta de respeto y, sobre todo, con desidia en la conducción del Estado: la bandera nacional se ha convertido en sucios jirones, deshilachados, trapos sucios, grises, en lugar del pabellón celeste y blanco. Las banderas, es cierto, no se lavan. Pero se reemplazan, se retiran con honores si es posible, fundamentalmente se las trata con un cariño especial para que no se conviertan en despojos vergonzosos. De abajo hacia arriba, deberían actuar el director del Museo, Guillermo Alonso; el secretario de Cultura, José Nun; la propia Presidencia. No miran nunca al cielo, tampoco a su enseña.

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