Jefe en funciones, Néstor Kirchner pretende recuperar para el gobierno de su esposa -que también es suyo- la perdida «obediencia debida» de la tropa K del Congreso; terminar, de cuajo, con el sistemático retoque que sufren las leyes del Ejecutivo.
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A su hora, cuando se debatió la Resolución 125, el patagónico fue la voz más extrema contra las modificaciones. Pero esa resistencia se morigeró con la reestatización de Aerolíneas Argentinas y ahora empezó a fisurar el proyecto de movilidad jubilatoria.
La autonomía de los diputados y senadores fue leída, en principio, como un gesto saludable, una señal de que Kirchner, tras el aprendizaje de la 125, comenzaba a admitir que las disidencias internas podían expresarse y forzar enmiendas en los textos del PEN.
Nostalgias de días mejores, un grupo de diputados ultra-K, que orbitan a Carlos Kunkel y Carlos «Cuto» Moreno, inició una contraofensiva para impedir que el retoque de las leyes enviadas por Cristina de Kirchner se vuelva un procedimiento habitual. Simple: volver a la obediencia debida, a convertir al Congreso, y a los menguados bloques K, en ejércitos aplicados y leales. ¿Un castigo del ex presidente a Agustín Rossi y a Miguel Angel Pichetto, jefes de las bancadas kirchneristas? Por ahora, una advertencia.
«Agustín hace lo que puede», dicen -tratando de sacar de la línea de fuego al santafesinolos ultra- K. No aclaran que a veces puede poco. Un caso: no logró frenar ninguna de las correcciones de fondo a la nacionalización de Aerolíneas Argentinas.
Pura eventualidad, el debate tiene como eje la ley de movilidad jubilatoria, enviado por el gobierno y que aparece bombardeado por internos reformistas por parte de la oposición, pero, también, por legisladores del oficialismo. Esa ley lleva el sello de Sergio Massa.
El ala K, que manifiesta una alineación neta y sin fisuras con la Casa Rosada, pero sobre todo con Olivos -allí, Kunkel y «Cuto» Moreno, entre otros, se acodan largas horas con Kirchner-, quiere tomar la ley jubilatoria como cabeza de playa para reinstaurar la obediencia.
No sorprende, por eso, la parrafada que ayer lanzó Ariel Passini, diputado de ADN ultra-K, respecto de que el bloque oficialista va «a defender el proyecto remitido» por el gobierno. Es decir: empujarán la iniciativa, textual, sin retoques, firmada por Cristina de Kirchner.
«No queremos dilatar ni postergar más este asunto, ni permitir que con argumentos pretendidamente progresistas se pongan palos en la rueda a este verdadero avance que propone la Presidenta», se paró en la tribuna el diputado, poniéndole tinta a un discurso que el cacicazgo K repite, como proclama, entre los demás diputados.
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