Ya había anunciado que no cortaría más rutas (en realidad nunca fue su fuerte, nunca tomó el Puente Pueyrredón, por ejemplo) y ayer señaló que el año que viene piensa presentar su candidatura a senador bonaerense. La elección provincial será como una «interna piquetera» porque también intentan presentarse el «piqueblando» Luis D' Elía, y Néstor Pitrola -el más marxista-por el Polo Obrero. La experiencia de D'Elía, que el año pasado no superó 0,18% de los votos, parece no amedrentar a estas nuevas figuras surgidas de los tumultos de las calles. Ni siquiera quieren acercarse a alguno de los partidos o figuras tradicionales para ingresar a legislaturas disimulados en «listas sábana». Así, sin relieve propio y conociendo que espantarían votantes, entraron al Congreso sindicalistas, desde Saúl Ubaldini, a Diego Ibáñez, Lorenzo Pepe, Gerardo Martínez y muchos más que uno recuerda. También así, entremezclándose en una sábana con una figura atractiva encabezando, entró D'Elía a diputado provincial por el Polo Social en 2001.
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Que Castells anunciara que irá por el camino político debe alegrar a todos los argentinos que creen en la democracia. No asegura paz porque D'Elía hoy es legislador bonaerense con fueros e igual toma comisarías.
No respetan muchos jefes piqueteros las normas vigentes porque no creen en el sistema ni en la democracia, en definitiva. De hecho Castells siente profundo amor por Fidel Castro. Cree casi exclusivamente en el barbado cubano porque, a partir de él, no lo convence absolutamente nadie y está peleado con todos, llámese Néstor Kirchner, D'Elía, Néstor Pitrola, el «Perro» Santillán, Elisa Carrió o Luis Zamora. Que nunca le haya gustado mucho tomar rutas no lo hace más demócrata a Castells porque prefiere tomar empresas, lo cual le rinde mucho más.
Su enemigo D'Elía declaró: «Está en pedo, cree que va a haber una revolución socialista que terminará proclamándolo presidente de la Nación». Lo cierto es que en relación con su persona e ideas Castells obligó a ir a su derecha a casi toda la tradicional izquierda criolla. Desde ya a los «progres» renacidos con Kirchner, tipo Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, la «chavista» Alicia Castro, Vilma Ripoll y otros que ahora, con un centroizquierda en el poder, terminan demostrando que muchas de sus posiciones duras eran, en realidad, de resentimiento: querían cargos públicos, dietas legislativas, ubican en puestos a sus esposas y familiares, más di-nero abundante en sus bolsillos. Lo están obteniendo pero le temen a Castells. Este quiere todo el poder y no pierde tiempo en hacer pasar frío a su gente en las madrugadas sobre un puente tomado ni anda perdiendo tiempo en «museos de la memoria», usados por la izquierda light para disimular con recuerdos los burgueses, ñoquis y viajeros con fondos públicos en lo que se transformaron. «No estamos llamando a ninguna acción guerrillera», dice Castells que no necesita disimularse izquierdista resucitando el «setentismo». El no goza de riquezas vía el actual gobierno. Sigue viviendo en esa casa de pisos que construyó en Villa Adelina, en La Salada, que es vivienda propia, sala de reuniones de sus huestes, farmacia, proveeduría y hasta tiene una sala para velatorio de pobres (usan un ataúd lujoso como el de clases medias o altas, pero al momento de ir al cementerio pasan los cuerpos a un cajón menos que modesto y siguen usando el primero). Tiene 9.000 afiliados que pagan $ 2 por mes. No alcanza para nada pero el MIJD vive de lo que pide invocando esos socios.
Los «progres», enriqueciéndose ahora con fondos del Estado, obviamente tienen que odiar la austeridad de este caudillo piquetero. «¿Extorsionador o revolucionario?», se preguntan para dinamitar su imagen las burguesías «progres» como las que se reflejan en revistas como «Veintitrés». Y desean fervientemente que sea extorsionador. «Es un marxista, maoísta pelotudo», le lanzó duro el ministro Aníbal Fernández a quien alarma que le domine calles y le espante moderados útiles a sus aspiraciones políticas. Aunque habría que reconocer que un Castells encaminado por las formas políticas de la democracia podría ser un triunfo del gobierno.
Por supuesto que si las ideas de Castells triunfaran la Argentina pasaría a la miseria de Cuba tras correr bastante sangre pero, posiblemente, hubiera menos «paredón» que si lo mismo sucediera con impulso y entronización de Pitrola. Este es marxismo-stalinismo fusilador puro. Ese actual Polo Obrero de Pitrola no crea obras, no busca adeptos, le basta con usufructuar la estupidez de los últimos gobiernos que le permiten, vía «planes Jefas y Jefes» haber pasado a sus seguidores de ideologizados por vocación a milicias pagas, sin exigencia de trabajo -o su búsqueda- y disponiendo de ellos todos los días para practicar, con franco los domingos como en los cuarteles.
Que Castells sea más auténtico que los «progres» pegados al gobierno y enriqueciéndose no es para calmar mucho a la sociedad moderada. Léase más abajo que dice que «no creo en el capitalismo humanizado». De hecho es cierto que tiene que presionar a su tropa para que vaya a sus «tomas de edificios». No es para emocionar, como parece ubicarse frente a los piqueteros una figura señera como el historiador Félix Luna, quien sostiene (revista «Gente») que tomar un edificio por piqueteros es mejor que sangre derramada.
Dominador del mejor discurso entre las figuras piqueteras nuevas, hasta poseedor de una figura atractiva con remembranza de las grandes figuras del pasado del marxismo, Castells va destacándose en el día a día, aunque desagrade a Kirchner y tema por eso la sociedad. El que no quiera las guerrillas que tanto agradarían a Pitrola, a los Aníbal Verón, Teresa Rodríguez y otros ultras de las calles no lo hacen un demócrata: quiere el fin del gobierno actual, del sistema y hasta del capitalismo también pero en forma de estallidos espontáneos de masas, como en Rusia, con traspiés, desde 1904 hasta imponer los bolcheviques los soviets, el comunismo, derrotar el ejército blanco y el régimen zarista en 1917. El sueño de Castells parece ser el 20 de diciembre de 2001, como si eso no hubiera sido una jugada del aparato duhaldista para llevar a su líder al poder, tras desplazar a Fernando de la Rúa.
Es una utopía lo suyo. Fidel Castro pudo sorprender a los norteamericanos en 1959 y en una isla. Nadie impondría hoy un marxismo de esa forma en el siglo XXI y en un país latinoamericano con quíntuple frontera de naciones que en su mayoría hasta gozarían favoreciendo invasiones a la Argentina y desmembrando su ansiado territorio.
Castells no sabe o no pensó eso pero sueña. Va ganando adeptos en forma creciente. A Ambito Financiero, con tranquilidad, le mandó a decir que deberíamos comprarle artículos de limpieza (su organización tiene hasta fabricación propia de detergentes, escobas, etc.). A la provincia de Corrientes llegó y en el acto lo recibió el gobernador Ricardo Colombi y le dio $ 5.000 en alimentos por mes y créditos para 72 viviendas para su gente del MIJD (Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados). Empresa donde entra -ayer ingresó a 3- es recibido y le prometen alimentos para sus centros de comidas que el Estado dejó de monopolizar en su atención y donde debía haber destinado tantos miles de empleados públicos de una burocracia descansada pero sin aporte.
Es comprensible el accionar de las empresas. Para todas dar leche en polvo y pan es algo mínimo en relación con destrozos o quedar en un índex, aunque esto marque un país totalmente decadente con «impuestos revolucionarios». Castells lo sabe, por lo cual se mueve con más inteligencia que otros ultras o aun que los «piqueblandos»: no logra nuevos planes ni apoyo del gobierno pero está logrando mucho más. Por empezar consolida lo que tiene y suma adeptos diariamente.
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