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Se imagina un escándalo a partir, quizás, de que el despedido Giacomino -cuando deponga ante el juez Juan Galeano- sostenga que la contratación que le imputan fue consentida, en su momento, por Alvarez cuando éste servía a Duhalde en el orden nacional. Nadie ignora que Alvarez hoy ocupa el espacio bonaerense por una concesión de Felipe Solá y un pedido de Duhalde. Menos se ignora que Giacomino nació al firmamento político cuando estuvo a cargo de la custodia del propio Duhalde -cuando éste estaba en el Senado- y luego se incorporó a los hombres preferidos por Carlos Ruckauf. Un entramado de relaciones, favores y servicios que ahora, con la exoneración, podrían comenzar a desbrozarse.
Es habitual en el género policíaco que, en la trastienda, se anticipen horrores, denuncias o venganzas que luego no se cumplen. Pero, claro, los medios se llenan de expectativas. Ahora se advierte por qué, además, nadie sabe si la sintonía entre Kirchner, Duhalde y Solá es tan perfecta como la pregonan. Por otra parte, hay funcionarios menores, con intereses distintos, que tal vez hasta pueden generar un conflicto entre las máximas figuras del poder.
A Béliz también le reservan algún dardo -finalmente no nació a la política de un repollo-, pero más inquietante es el cuadro de las dos instituciones policiales, las dos más grandes del país, ambas descabezadas y sin rumbo. Con mucha seguridad y mucha inseguridad, es un despropósito igual. Más cuando Alvarez en la provincia tuvo que prometer a la cúpula que no habría purgas -cuando parece que debía continuar con las que había iniciado Juan Pablo Cafiero (quien, claro, prefirió irse y no cargar con esa responsabilidad si no iba a proseguir en la función)-.
Por lo tanto, hoy hay fronda en la Federal para la sucesión de Giacomino (¿será el número dos quien lo reemplace?) y las nuevas jerarquías, conmoción por las denuncias que afectan a la Policía y la promesa de Giacomino de decir toda la verdad cuando se lo pida el juez. Tal vez sería conveniente que hablara antes, para evitar el suspenso.
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