La agenda para el campo es un capítulo
del Plan Bicentenario que quiere
usar el gobierno como un relanzamiento
de Cristina de Kirchner. En la
página 6 habla de discutir «mercados
a término», es decir, de retenciones
móviles (o fijas).
Los dirigentes del campo demostraron que han acumulado -patrones y peonada- más horas de truco y monte criollo que los funcionarios del gobierno. No se explica, si no, que hayan madrugado con tanta habilidad a Alberto Fernández, jefe de Gabinete de un gobierno en problemas, pero que, además, ha puesto en crisis su vocería por la pelea con los medios en los cuales confió siempre.
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En la sesión de terapia que mantuvo ayer Fernández en Olivos con Néstor y Cristina de Kirchner -duró más de cinco horas- este abogado, que sabe que nadie puede alegar su propia torpeza, calificó a Eduardo Buzzi de «vivo». «Se quiso pasar de vivo y nos apuró en la declaración al salir de la reunión.» Según su relato, en un pasaje del encuentro del martes con los ruralistas, uno de los dirigentes lo apuró con la necesidad de discutir las retenciones, eje de la protesta. «¿Qué de las retenciones?», replicó.
Dirigente: Los mercados de futuro, que están anulados con las retenciones móviles.
Alberto Fernández: De eso vamos a hablar cuando sea necesario.
D.: Ahora es necesario.
A.F.: ¿Por qué? Las retenciones están hoy para la soja en 40%; no es problema, pero si hay que revisar algo, lo vamos a hacer en su momento.
D.: La resolución es inaplicable.
A.F.: Si es así, lo discutiremos cuando sea necesario.
Fernández, en la explicación que dio ayer en Olivos, remitió su conducta del martes al libreto que había llevado. Se trata de una carpeta que les mostró el lunes a los Kirchner en la residencia presidencial, donde había pasado también media tarde (los Kirchner no sesionan allí de mañana, horas que dedican al aseo personal). Se trata del capítulo agrícola del Plan Bicentenario al que titularon Agenda para el sector Agroalimentario y Agroindustrial. Tiene la seriedad de una plataforma electoral, es decir, menciona todos los temas previsibles que deben abordarse en cualquier monografía universitaria y contra los cuales nadie podría expresarse en contra: abundan las expresiones de deseos sobre un mundo de amor y paz como armonizar exportaciones con consumo interno, que el desarrollo sea equilibrado, que haya una mejor redistribución de la renta, que haya más competitividad, más inversión, transparencia fiscal, mejoramiento del trabajador rural, salpimentado todo con mucho jugueteo de palabras (cadenas de valor, valor agregado, etcétera).
En ese texto, que Fernández exhibe como el libreto que acordó el lunes con los Kirchner, se incluye entre los objetivos del plan «analizar las condiciones de funcionamiento de los mercados a término», cláusula que dio origen al diálogo entre Fernández y los dirigentes que han relatado en términos y con un significado distinto.
Esa expresión encierra el verdadero proyecto del gobierno en este punto: acordar, como adelantó este diario, un techo fijo a las retenciones según valor que se cobrarían a los granos exportables, en una escala que se clavaría entre 40% y 50% según el precio FOB. Ese sería el máximo por tributar por esos productos, mecanismo que podría reflotar los mercados de venta de granos a futuro.
El gobierno parece tener conocimiento creciente de que el campo no ha roto su romance con la burguesía de las grandes ciudades y ha elegido un solo camino: acentuar la agresividad hacia los quejosos como forma de reforzar el trizado frente interno. Es una forma de impedir la fuga de gobernadores, intendentes y legisladores, que parecen cansarse de caminar por la cornisa y temen despeñarse por una pelea que los encuentra en el medio, cuando no más cerca de quienes protestan.
Costos
Por eso mide el gobierno que el costo de ceder es en estas horas más oneroso que mostrarse, como dice ya con ironía, con la grandeza de los humildes y la humildad de los grandes y acelerar ese acuerdo con retención fija que ya nadie discute técnicamente dentro del gobierno.
Para Alberto Fernández, nada de lo que se dijo el martes implicó admitir que se iban a modificar las retenciones móviles. Para los dirigentes, en cambio, era el principio de la resolución.
Le costó al jefe de Gabinete imponer su versión, más cuando Buzzi dijo que había doce dirigentes presentes y que todos avalaban su versión del diálogo.
Fernández se mantuvo en su libreto para desplegar la estrategia del gobierno: victimizarse como agredido por una corporación codiciosa que llega hasta la mentira para medrar.
Como el gobierno está afónico para conectarse con el público -no le bastan ya los sketchs desde el Salón Blanco que se transmiten menos por los cables-, el resultado fue la imagen de un ministro que dio lugar a que le tomasen la palabra en una negociación que, si sigue, deberá hacerse con luz y taquígrafos, es decir, transmitida en vivo y en directo para que el público no se sienta burlado por este show entre quienes se acusan de mentirosos.
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