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22 de mayo 2007 - 00:00

Avance de Alberto Fernández sobre De Vido y los pingüinos

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Aunque se podrá pensar en un empate, en rigor Alberto Fernández les sacó ventaja a Julio De Vido y al grupo de pingüinos que acompañan al Presidente. Simple: logró ubicar a su segundo en la Jefatura de Gabinete, Juan Carlos Pezoa, a la cabeza de la intervención en Enargas (instituto que antes dependía del Ministerio de Planificación). Claro que De Vido invocará que Pezoa también era de su confianza ya que, a menudo, lo acompañaba a las reuniones con los intendentes bonaerenses a la hora de prodigar obras públicas. En rigor, Pezoa es múltiple: sabe de fideicomisos, de coparticipación, trató con gobernadores, viene de la escuela mediterránea de Domingo Cavallo -hasta nació en su mismo terruño, San Francisco-, fue uno de sus funcionarios preferidos entonces, luego también de Eduardo Duhalde, de donde viene su relación con Fernández cuando ambos servían en el Banco Provincia. Además, es un hombre de suerte: participó de la reunión de gabinete donde se fijaron los sobresueldos, en tiempos de Carlos Menem, pero la Justicia jamás lo citó a declarar.

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No debe haber sido sencillo ayer el desenlace por el giro oficial ante el caso Skanska: Kirchner deliberó más de dos horas con Fernández y De Vido, lo que no es frecuente, y se fue una hora más tarde a dormir la siesta en Olivos, lo que también es menos frecuente. Ninguno de los protagonistas cuenta lo ocurrido en esa reunión, pero está claro que el advenimiento de Pezoa constituye un golpe al aparato de pingüinos opuestos al jefe de Gabinete encabezados por De Vido (inclusive hasta significa un vendaval para el esposo de Felisa Miceli, Ricardo Velasco, vocal en Enargas). Hace tiempo que el titular de Planificación y Fernández se oponen con manifiesta repulsa, registran duelos varios (uno por la continuidad de Guillermo Moreno, el otro por la de Miguel Campos, como ejemplos menores), discrepancias en las que el núcleo de santacruceños del gobierno favorecía siempre a De Vido. Pero, claro, sea por la peculiar conducción del jefe de Estado a favor de alentar riñaso por la eficacia de terapeutaque Fernández dispone sobre Kirchner, lo cierto es que éste siempre superó esas acechanzas.

Hay quienes le atribuyen un proyecto distinto del que los pingüinos imaginan en el mandatario -por ejemplo, vínculos con un determinado medio periodístico que antes era más afín al gobierno, de ahí que se ganó el mote de «Bauzá de Menem»-, al tiempo que se le reconoce haberse ganado el corazón de la primera dama, quien suele dispensarle un trato preferencial (de tanto favoritismo no goza, al contrario, De Vido, quien arrastra cuentas de Río Gallegos). Pero, también debe admitirse que es el único del mínimo staff que le ha sugerido a Kirchner por el creciente problema de la inflación y, sobre todo, por la inevitable inconveniencia de vivir subsidiando (asignaturas que el propio mandatario imagina modificar, ya que confió -para una de ellas- que «no podemos vivir toda la vida subsidiando»).

No fue esta prédica, sin embargo, la que le sirvió para ubicar al interventor en Enargas: debe haber sugerido el nombre de uno de sus allegados para mostrar una transparencia en la gestión de un organismo salpicado por Skanska. Es, sin duda, un avance sobre De Vido y, además, una forma de superar su firma en el proyecto de ley sobre el pago de 200 millones de dólares al Grupo Greco, episodio que por el momento parece no conmover a nadie en las instancias oficiales o judiciales.

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