4 de septiembre 2003 - 00:00

Busca Ibarra mejorar su ejército de fiscales

En tiempo de descuento, Aníbal Ibarra se dedica por estas horas a sanear los errores logísticos que cometió en la primera vuelta cuando fracasó, por forcejeos entre las distintas tropas ibarristas, el control de las mesas de votación, falla que usufructuó el macrismo.

Vía Ariel Schifrin, con la supervisión de Alberto Fernández, el jefe de Gobierno intimó a los delegados de los partidos que se colgaron de su boleta -o integraron la nómina oficial- a que «esta vez» cumplan con el aporte de fiscales para garantizar el comicio del 14 de setiembre.

Hasta el fin de semana, cada grupo se abocará a mirar sus propios números para testear la tropa disponible y entre lunes y martes Ibarra convocará a plenario para diseñar el operativo de fiscalización, especificando las zonas que cubrirá y el ejército que arrimará cada uno.

Ayer se realizó un primer encuentro para repasar el mapa electoral. No hubo reproches, pero en el comando de Ibarra sobrevuelan las quejas por la falla en el control del primer turno, imputación que hace blanco en el CTA, el ARI y, en menor medida, el socialismo.

• Incumplimiento

«Prometieron más de lo que podían garantizar» dicen enojosos los ibarristas y castigan a Claudio Lozano que facturó una postulación como emisario de la CTA de Víctor De Gennaro pero luego no cumplió la promesa de acercar sus fiscales el domingo de la elección.

Para el ballottage el problema no es la cantidad -ahora hay
«sobreoferta» de fiscales sino la calidad: el comicio será más sencillo, porque sólo habrá dos boletas a diferencia del anterior que hubo 38, pero un traspié a la hora de la apertura de urnas puede pagarse caro.

En los papeles,
Schifrin -que supervisa esa mecánica- le avisó a Ibarra que la cobertura está garantizada: «No va a haber problemas. Está todo aceitado» le aseguró el primer tramo de la campaña no estuvo en la cocina, pero ahora recuperó protagonismo.

• Reclutamiento

Estará encargado de anotar los porotos de cada bando: para controlar las 6.580 mesas porteñas necesita 7.500 fiscales que colectará del kirchnerismo -Juliana Marino y Héctor Capaccioli-; el ARI, vía Fernando Melillo; el Partido de la Ciudad de Jorge Giorno, la CTA, el socialismo y, obviamente, el Frente Grande.

El sello de origen de
Ibarra inició ayer rondas reservadas de las distintas capillas. Lo mismo hicieron, bajo la mirada de Alberto Fernández, los kirchneristas y, aparte, Giorno -en festejo permanente por el resultado del 24 de agosto- juntó a los suyos.

Al margen del ejercicio en el cajón de arena, Ibarra pide gestos precisos de Olivos. Ayer
Aníbal Fernández ratificó el apoyo oficial, pero el frentista demanda la presencia efectiva de Néstor Kirchner que ocupa su agenda casi exclusivamente en la campaña del PJ bonaerense. Tiene allí festejo asegurado.

• Obsequio

Recién entre lunes y martes, Ibarra podría computar otros espaldarazos públicos. Está prevista la visita de Alicia Kirchner a la villa 21-24 y es probable que el Presidente le regale otra foto a principios de la próxima semana en un acto en Villa Lugano, el sur que en los votos castigó a Ibarra.

Pero el dilema, tardío, es hasta qué punto la presencia de Kirchner no deteriora la imagen del candidato.
«Si el Presidente aparece mucho corremos riesgos de que Ibarra quede como un títere» se preocupó ayer un kirchnerista puro que, así y todo, confía en el triunfo.

La frase esconde un planteo a futuro:
¿si Ibarra gana por la contribución de Kirchner y Elisa Carrió, cuánto deberá pagarle a los delegados del Presidente y la chaqueña? Muchos, en esos campamentos, ya se prueban los trajes, para ante una victoria, desembarcar en el Ejecutivo.

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