1 de agosto 2003 - 00:00

Bush no dará alivio a Kirchner con el Fondo

Anthony Wayne, enviado del Departamento de Estado de los Estados Unidos esta semana, es el encargado de asesorar a Colin Powell en temas económicos y financieros.

Egresado de la Universidad de California, obtuvo títulos de posgrado en Harvard, Princeton y Stanford. Esta preparación y aquella posición de poder la notaron todos los que hablaron con él, sobre todo durante dos comidas clave que le organizó Milton Drucker, el encargado de negocios de la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, responsable de esa sede desde la ausencia de James Walsh y hasta que llegue Lino Gutiérrez (como Martín Balza, Drucker también deja el país, rumbo a Colombia).

El martes por la noche, Wayne cenó con Manuel Sacerdote (Bank Boston), Ricardo Mandelbaum (La Caja), Rodolfo Alborelli, Guillermo Stanley (ex Citibank) y Miguel Kiguel ( flamante número uno del «private bank» Nuverse) en la sede de la embajada, representada por Drucker y por el consejero económico Peter Ball. Al día siguiente, al mediodía, Wayne se sentó a la misma mesa con tres legisladores clave del oficialismo: José María Díaz Bancalari (presidente del bloque de diputados), Alfredo Coto (enlace entre Roberto Lavagna y el Congreso) y Oscar Lamberto (factótum de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado, en tránsito hacia Diputados, ya que encabeza la lista de candidatos por Santa Fe).

En las dos ocasiones, Wayne dejó en claro un criterio general: la mirada del gobierno de los Estados Unidos sobre la Argentina coincide con la del Fondo Monetario Internacional. No valdría la pena, entonces, buscar una hendija para aliviar la carga de la tarea que se espera de la administración Kirchner. «No se trata de cumplir con una agenda impuesta. Son ustedes, los argentinos, quienes deben entender que deben hacer una serie de cosas en beneficio de sí mismos.» Con los legisladores, este diplomático habló del mismo inventario de cuestiones pendientes que con los banqueros, sólo que con matices de énfasis y severidad.

A los hombres del Congreso, Wayne les dijo que el país no tendrá salida si no se acuerda el pago de la deuda (la negociación está en una crisis gravísima debido a la «mala praxis» de Guillermo Nielsen, quien confesó su fracaso en la CNN), se compensa a los bancos por la pesificación asimétrica, se garantizan los derechos de los acreedores hipotecarios, se completa la reforma tributaria y se renegocian los contratos de servicios públicos. Este último punto despeja otra incógnita: el de las empresas privatizadas no es un problema «europeo», como lo presenta habitualmente el Presidente. Importa el juicio de Wayne, quien realizó buena parte de su carrera en París y en Bruselas (fue el negociador más importante de los acuerdos entre Estados Unidos y Europa en los '90, durante el reinado de Madeleine Albright).

Los legisladores deslizaron en la comida un comentario: «Si no se lleva adelante esa agenda es, en buena medida, porque el gobierno no habla con nosotros. Salvo en el caso de los bancos, si hubiera voluntad política las principales leyes estarían aprobadas».

Precisamente, la reforma del sistema financiero fue la cuestión central de la comida del martes por la noche. Salmón con pomelo, pollo salseado y ensalada de frutas con sambayon fue el menú para que Wayne escuche, sobre todo de Sacerdote, el reclamo por la crisis de reglas de juego que domina la situación de la banca. «Algo de crédito estamos dando, pero sin seguridad jurídica es imposible seguir. ¿Cómo prestar a empresas que no pueden ser concursadas y son salvadas de las quiebras por leyes especiales?», se preguntó el banquero. Wayne, entre cuyas competencias está el asesoramiento financiero de Powell, asentía.

• Dimensión

Se discutió también la dimensión del sistema y allí opinó Kiguel: «¿Hay bancos que se van a ir? Seguro. Pero el gobierno no debe hacer nada para impulsar la salida ni para darle una dimensión determinada al sistema». Parece coincidir este banquero con Alfonso Prat-Gay, quien plantea ante el Fondo desde hace meses que «para el actual régimen bancario, tan afectado por la crisis, hay que esperar a que el negocio vuelva a su dimensión normal, no achicar el sistema».

Wayne fue parco en relación con la negociación multilateral. Admitió, ante todos sus auditorios, que es difícil que el país alcance un acuerdo por tres años antes de setiembre. Sugirió que el vencimiento de ese mes se podrá renegociar pero que para ese desenlace Kirchner debe comprometerse a una serie de medidas con un calendario preciso hasta fines de 2004. Es el formato que, en la terminología de la negociación internacional, se conoce como «continuous performance criteria», es decir, una «hoja de ruta» con condiciones (deuda, coparticipación, tarifas, compensación bancaria, reforma tributaria, etc.) de cumplimiento permanente y cronograma determinado.

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