El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
O sea, que se torcían voluntades de legisladores (sea por presión, negocios o simples dádivas) y la Administración de turno entonces lograba adhesiones a sus proyectos hasta de sus rivales más recalcitrantes. Béliz se guardó a silencio, pero igual vale preguntarse -a propósito de esas declaraciones contra la moral de los diputados y senadoressi ahora no se repiten situaciones semejantes a las de antaño y, como siempre sucede en tiempos de euforia, más bien se coincide en la libertad de conciencia y a nadie se le ocurre conjeturar, como tal vez debiera hacerlo Béliz, si otros estímulos no han modificado decisiones.
También, en materia de real conciencia, habría que incluir la deserción de Luis Zamora, quien se abstuvo en la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final aunque hizo un discurso en contra. Hay otros casos emblemáticos, como el de Miguel Pichetto, hoy devenido en competidor de Jorge Yoma por despertar una sonrisa en Cristina Kirchner, quien por esa vocación de cariño también aprobó la anulación de las leyes. Cualquiera puede imaginar lo que desee, parece impropio no obstante sospechar -como haría Béliz-que todos han actuado por intereses ajenos al ejercicio de legislar.
Dejá tu comentario