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13 de julio 2005 - 00:00

Catecismo

No será Evita, pero sí una guía espiritual. Por lo menos, así la ha convertido el canciller Rafael Bielsa a Cristina de Kirchner. Y todo por un discurso, el que ella pronunció al lanzarse en el firmamento electoral bonaerense, mensaje que al parecer le provocó un torbellino en la cabeza del canciller. Tal fue el impacto de esas palabras que Bielsa, en su primer encuentro con los aspirantes propios a legisladores de la Capital Federal, les recomendó para su iniciación proselitista el aprendizaje de memoria de todo el discurso. Con esos básicos datos intelectuales, según el consejo u orden del canciller, deberán comenzar la campaña. Es la «nueva política», el kirchnerismo no deja de sorprender como fuente inagotable de sorpresas. No será Evita, entonces, la actual primera dama, pero procede en el Senado con algunos «Astorganos», extensión que alcanza a otros miembros del gabinete que hoy la entienden como «la razón de mi vida», título del emblemático libro de Evita para todo el peronismo (y el no peronismo que debía leerlo obligatoriamente en las escuelas). Es notable que Cristina, sin haberse aventurado a la escritura, con un solo discurso ha logrado imponer el nuevo catecismo a seguir por sus dirigentes.

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Rafael Bielsa y Cristina Kirchner

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Es que su primer discurso como candidata, que la primera dama brindó en La Plata para lanzar su postulación a senadora, será de lectura obligatoria en la próxima campaña porteña. Para el kirchnerismo, por lo menos y por ahora. Así lo dispuso el primer candidato a diputado nacional por la Capital Federal, Rafael Bielsa, quien, a falta de otra ayuda memoria, apeló al catecismo de Cristina.

El ministro inició el lunes el despliegue de un nuevo rol protagónico en la pretemporada electoral porteña: desarrollar sus artes docentes ante la troupe de avezados y nóveles que lo secundan en las boletas de postulantes a diputados nacionales y legisladores porteños. Mucho no tenía para enseñar, claro.

Esa tarea se ejerció entre a los primeros cinco candidatos a diputados nacionales del Frente para la Victoria -lista que encabeza- y a los primeros 14 que lleva la boleta de legisladores locales. Los convocó en una bar de la calle Defensa, en el barrio de San Telmo en la ciudad de Buenos Aires, a las 19 de lunes. No vaya a pensarse que vive en una cúpula de cristal, como la Cancillería, donde habitualmente vive. Concurrió acompañado por su jefe de campaña, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, quien se ocupó, además, de cursar las invitaciones.

La mesa cafetera lo siguió atenta, con algunos invitados que por primera vez incursionan en política y más aún en una campaña. Es el caso del antes mordaz animador de TV Claudio Morgado -quien, como misión de vida política, pide que no lo comparen con Moria Casán- o de la economista Mercedes Marcó del Pont, más acostumbrada a los discursos técnicos que a las arengas, claro.

Como todo didacta que se precie, Bielsa debió recurrir a alguna bibliografía de base para proponer al grupo que lo acompañará en el proselitismo. Cultivador de la pedagogía moderna, el ministro apeló antes que nada a un ejercicio de reflexión con lo que consideró «disparadores» para iniciar la tarea: «¿Qué somos?» y «¿qué proponemos?». Y pidió otra vuelta, como en el café La Humedad.

A esa concentración individual, cargó con explicaciones sobre cómo apoya a Néstor Kirchner desde 2002 y que «dejar la Cancillería no es una carga porque a mí me gustan las construcciones colectivas». Nadie le creyó, pero eso no estaba en juego.

Luego, Bielsa se animó: «Tienen que tener en cuenta que el discurso de Cristina en La Plata marca un hito y ustedes lo tienen que leer varias veces y aprenderlo». Tarea para la próxima clase de seguidismo inigualable.

Algunos se miraron y por lo bajo se preguntaban si tendrán que hacer campaña aludiendo a «el Padrino», como lo hizo la esposa del Presidente para referirse a Eduardo Duhalde, o al menos repasar el film. Si era ésa la invitación, Brando, Pacino, Coppola y Puzzo se volvían ingredientes agradables de la política.

«Pero lo de 'el Padrino' es lo menos importante», se apuróBielsa al desilusionar a sus soldados y completó: «En el discurso de Cristina están las bases de lo esencial del proyecto de Kirchner». Noticia en la que nadie había reparado -seguramente, ni el propio Bielsa-, razón por la cual todos los asistentes reclamaron una copia del mensaje para el estudio. Ni la estructura de la Cancillería pudo satisfacer el pedido.



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