A horas de que Hugo Moyano franqueó de nuevo las puertas de la Casa Rosada, luego de los incidentes de San Vicente, sus opositores en la CGT retomaron la embestida y hasta plantearon que la semana que viene, un club amplio y diverso dejará «sólo» al camionero al crear una central paralela.
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La matriz de ese procedimiento la digita el gastronómico Luis Barrionuevo, y de su cercanía se anunció anoche que el próximo miércoles un grupo de caciques formalizará su apartamiento de la CGT oficial de Azopardo para conformar otro espacio sindical. De producirse ese cisma en la cúpula de la conducción gremial, se diluirá la unificación de la CGT que se alcanzó trabajosamente en 2004 con el ingreso del MTA de Moyano y Juan Manuel Palacios, luego de una larga temporada de disputas y entidades simultáneas.
Este diario anticipó los primeros movimientos en esa dirección en su edición del último lunes. Por entonces, se dio cuenta de contactos entre los «socios críticos» de Moyano, encabezados por Barrionuevo, y los «gordos» de Carlos West Ocampo y Armando Cavalieri, que están fuera de la CGT.
El diálogo entre esos dos sectores es permanente pero no tiene, todavía, la intensidad que le atribuye Barrionuevo.
Ayer, luego de que Moyano sea recibido en la Casa Rosada el martes por la noche, los rebeldes enviaron un mensaje a Kirchner: si se produce la división en la CGT, el núcleo antimoyanista no deberá interpretarse como un sector anti-Kirchner.
«Respaldamos al gobierno y reconocemos lo que hizo para mejorar los ingresos de los trabajadores y bajar la desocupación», recitan para convencer al Presidente de que la posibilidad de que haya dos centrales obreras -tres si se cuenta la CTA- no supone un eje conflictivo.
Anteayer, Moyano daba por cerrada la crisis en la CGT: decía que con su visita a la Casa de Gobierno y la suspensión de la reunión del consejo directivo, se abortaba la maniobra en su contra. Anoche, un aliado del camionero desestimó que los rebeldes puedan «romper» la CGT.
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