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Esa visita fue escenario de un debate entre la delegación china y el gobierno argentino por el reclamo de Pekín de que el país le reconociera el estatus de «economía de mercado». Esa condición obliga a las partes a una apertura a productos venidos de China en condiciones mucho más favorables a las actuales. Ese país está acusado de exportar productos elaborados sin cumplir con estándares internacionales en materia fiscal y laboral, lo cual se suma a las condiciones excepcionales que le da a la China esa rara mezcla de dictadura comunista en lo político, pero con bolsones de economía de mercado.
No reconocerle «economía de mercado» era una forma de proteger la economía nacional de una avalancha de productos chinos «dumping», pero Néstor Kirchner igual dijo que la Argentina iba a reconocerle ese estatus. No dio argumentos claros, y surgieron dos explicaciones: que el Presidente estaba embarcado en una negociación secreta para lograr un auxilio financiero de China que le permitiría desembarazarse del corsé del FMI. El tiempo demostró que no era cierto.
La información, avalada por fuentes solventes cercanas a la negociación y por empresarios de esos «sectores sensibles», nunca fue desmentida pero tampoco confirmada expresamente por funcionarios chinos o argentinos.
Ahora consta con carácter institucional y público que esas cláusulas existieron porque lo admitió Bielsa, uno de los participantes de la negociación de noviembre con los chinos. Veamos cómo lo reveló ante los senadores:
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